Desde el momento de salida de Leire Martínez de La Oreja De Van Gogh, con aquel gélido comunicado que se adelantaba in extremis a la intención de un periódico de tirada nacional de anunciar la salida de la cantante, las hachas de guerra entre fans de La Oreja De Van Gogh y Leire Martínez han estado en todo lo alto en redes sociales. Y la víctima esencial del problema, como era de prever, ha terminado siendo Amaia. Una Amaia que sí, también ha tenido sus malos momentos a nivel comunicación, el problema más importante del grupo desde aquel fatídico día en Instagram. La poca costumbre de gestión polémica del grupo sumada al bocachanclismo histórico de Montero y el estirar el chicle de Leire con pequeños —o más grandes— disparitos a la banda, han mantenido el conflicto más vivo que la batalla de Waterloo. La ciudad, no el clásico inexistente de A-Teens.

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Justo esta semana llegaba ese último disparo de Martínez: una campaña para Braun que no solo tiene anuncio, sino que ha empapelado la salida de Metro del Palacio de los Deportes justo cuando actuaba La Oreja, repartiendo además flyers con la campaña dentro del evento. Poco ha sorprendido, claro, que Amaia haya reaccionado en directo. Cambiando la letra de El Último Vals, Amaia ha pedido que todo acabe: “cuando todo acabe, y que acabe ya, por favor”. En cualquier caso, recordemos que Montero es víctima de las decisiones de sus compañeros, no de Leire Martínez, puesto que ellos han decidido utilizarla de escudo desde el día del anuncio de su regreso.

Así las cosas, sí, Amaia tiene que estar hasta el higo de un enfrentamiento al que a veces también ayuda y Leire está en su derecho de explotar económicamente el conflicto —de forma acertada o no—, pero es que hasta que el grupo no se anime a dar públicamente su versión de los hechos —una que, en resumidas cuentas, habla de que Leire había firmado un concierto con fecha final de sus compromisos con La Oreja—, las espadas del fandom y público general seguirán en alto.

La Oreja ha optado por enfrentarse a la polémica haciéndose bola en su caparazón. El público generalista ha sudado lo más grande y llenado los conciertos, pero los medios y fans han tomado partido y la jugada empieza a no salirle demasiado bien a nadie en el largo plazo. Efectivamente, como pide Amaia, quizá es momento de acabar ya y pasar al siguiente capítulo de esta historia. Si quedan cosas por contar, quizá debería ser con otro tono en adelante.