Hay un dicho en redes sociales que aplica muy bien a prácticamente todas las generaciones de Operación Triunfo desde que el concurso volviera en 2017: “No todos podéis ser la más rara, alguien tiene que sonar en Los40”. Pues bien, Guille Toledano, salido de la última remesa del concurso, parece haber sido quien tome esa determinación.
Su primer álbum, El Toledano, sufre un fuerte enfrentamiento entre pose y contenido. A Dios gracias, porque no hubiéramos podido soportar un nuevo spin-off de Dani Fernández que apele al público joven. Porque ya ha habido decenas de intentonas y ninguna está cuadrando del todo, por una explicación sencilla: el país ha cambiado desde que Dani Fernández debutara, y esos nuevos perfiles pop-rock postureico o apuestan demasiado al barrio y contentan a Yessica y Johnatan pero provocan el desinterés de Piluca y Claudio; o se ponen de polito y rockerito de barra y contentan a los últimos, pero dejan al público más de a pie con impresión de estar desconectados del proyecto. Todos terminan, hacia un lado o hacia otro, quedándose con un público nicho.
Visto lo cual, Guille Toledano apuesta todo en El Toledano al perfil Bustamante: cercano de primeras, podría ser de tu grupo de amigos, pero se maneja bien en los entornos más capitalistas. Y no, no estoy hablando de su aspecto, estoy hablando de su música. Y es que si alguien vio la última edición de OT —suerte con eso—, sabrá que una de las principales críticas a Toledano fue su poca definición como artista. Meses después ha cogido la parte ventajosa de ese poco enfoque y ha dejado claro qué quería ser: estrella del pop. Guille Toledano quería ser una jodida estrella del pop.
Y El Toledano juega muy a ese favor: Ya No Me Avisas juega al esquema superestrella y sus guitarras son tan anecdóticas que solo el roto forzoso de su voz te recuerda que el proyecto no está pensado para tener coreografía. Guille apuesta todo a los estribillos radio-friendly, al “grítamelo en los conciertos” que se repite en el mejor tema del disco, Ven Y Báilame, o en Mil Mariposas, donde ese puntito Bustamante enseña más la patita que nunca en la letra (“aunque a día de hoy te cueste ver que sin espinas la rosa no la hace menos mujer” es pura crisis del ladrillo).
El tema principal del disco es básicamente: cosas que escribirías en tu diario y él ha decidido cantar. Canciones sobre el duelo post-ruptura, los dilemas del ir y venir, las segundas partes, el romanticismo de rom-com de Netflix que toca techo en No Ha Dejado De Llover, baladón para cerrar el disco y dejar clara otra de las intenciones de Toledano: él ha venido aquí a cantar. CANTAR, con mayúsculas. Entre tanto pop de volumen de ascensor, Guille apuesta todo a los futuros clásicos de karaoke entre amigos. Viaje A Roma como otro ejemplo de eso, transformando el storytelling en un guión para Prime Video.
Quédate Un Ratito es un corte a medio camino entre La Casa Azul y Abraham Mateo con una letra que desharía corazones adolescentes y ejercería de canción de primer baile de boda de dos treintañeros genéricos que tienen pensado tener un hijo un mes después de la ceremonia (“contarles que tú siempre serás mi mejor amor de los 20, cuando bailo reggaetón quiero tenerte frente a frente”). No Sé Si Quiero Volver directamente emula Colores En El Viento y a David Bisbal al mismo tiempo. Es una borrachera Disney Channel en la que su interpretación vocal es de alumno aventajado de Academia. Agudos, respiración, drama. Fantástico.
Guille apenas habla a un género determinado en el álbum —con un par de salvedades al género femenino—, porque si algo tiene Guille con ese objetivo multitarget del que hablaba al principio del post, es que ha venido aquí a poneros cachondos a todos. A todes, para que se me entienda mejor. De ahí que en la burlona Tu Desastre Favorito llegue tan crecido al estudio que la canción es prácticamente un guiño que termina en orgasmo. Cuenta Toledano que la producción de Rouss ha sido clave a la hora de enfocar el proyecto en una determinada dirección. No es del todo cierto tras varias escuchas: la producción de él ayuda a que el proyecto dispare absolutamente en todas las direcciones posibles —incluyendo el soulcito en clave Rosarillo noventera de Bala Perdida o ese bolerito simpático de Cada Segundo— para dar en la diana del máximo posible; pero son sus elecciones vocales las que dirigen el proyecto a esa estrella pop.
Decía hace unos meses Juan Sanguino que estaba convencido de que la siguiente Aitana sería un chico. El Toledano demuestra que Guille está deseando coger ese testigo. Ha construido un disco directo, eficaz, sin dobleces ni complicaciones, en el que su único concepto es ser el rompecorazones de España y al mismo tiempo el galán que te consuela después.
Un disco de pop sin más vuelta de hoja que en pleno 2026 es una brisa de aire fresco. Al fin un triunfito que no pretende coger el testigo imaginario de Marina Reche. La Búho Real no da para tanto emergente.
Temas clave: Ven Y Báilame / Ya No Me Avisas / No Ha Dejado De Llover