Ya está fuera ‘Saoko’, el nuevo adelanto del tercer álbum de Rosalía, ‘Motomami’, previsto para el próximo 18 de marzo. Y tal y como llegó, se fue, porque la canción apenas dura dos minutos y a uno no le da tiempo ni de entender muy bien qué es lo que ha escuchado. No hablamos ya de la letra, hablamos del todo: la canción pasa de la electrónica oscura al perreo, del perreo a un disco de duetos con Tony Bennett y del jazz de vuelta al club. Y a todo ese guirigay se le suma el hecho de que la dicción de la catalana haya dejado a Nathy Peluso en bragas. Que digo bragas, a lo sumo en un microscópico tanga brasileño que apenas le cubre el logopédico toto.

‘Saoko’ es una locura que arranca con un «chica, ¿qué dices?» que precede con maestría a absolutamente todo lo que uno va a escuchar después. Pero cumple con algo necesario en cualquier hit que se precie: pide una segunda escucha. Al menos como para que uno se aclare. Pero, eh, ya ha conseguido un importante objetivo.


 podéis escuchar este y otro puñado de hits en nuestro playlist de spotify


Conocimos un adelanto de ‘Saoko’ hace ya unas semanas a través del TikTok de la artista, en el que ha compartido trozos de varios temas del álbum, y la verdad, las cosas pintaban bastante peor al resultado final del tema. ¿Tiene esto madera de ir a funcionar tan bien como ‘La Fama’? Pues no, porque es todo bastante más, digamos… erm, ¿conceptual? Frenética, pegadiza, y con unos lyrics que ni pasando por el genius acaba uno de comprender, pero contienen versos tan didácticos como «cuando los cubitos de hielo, ya no es agua, ahora es hielo, se congela», ‘Saoko’ deja claro que ‘Motomami’ va a ir sobrado de palos bien tocados. Manoseados incluso. Palos que acabarían demandando a Rosalía por acoso, de tanto que los toca. Los Mamachicho de la madera arbórea.

El vídeo tiene los aesthetics absolutamente on point, eso sí. Representan tanto a la ‘Moto’ como a la ‘Mami’, imaginamos. Y son de un gusto street exquisito. Por lo menos algo es sencillo de entender. Aunque dure un abrir y cerrar de ojos. Rosalía, mujer, ¿qué te costaba un estribillo extra que le diera a esto un final con respiro?

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