Cerrad los ojos. Imaginad una discografía loca donde las haya. Tomaos vuestro tiempo. Jesús, eliminad Mecano de las opciones, ya han hablado de ello lo suficiente como para cuatro generaciones. ¿Alaska? ¿Pero qué estáis imaginando? Mirad, mejor si abrís los ojos y os preparáis para que analicemos para vosotros la discografía de Shakira. Porque sí, a esa nos referíamos, que no sabemos dónde tenéis la cabeza. Bienvenidos a Hits Don’t Lie, la sección en la que desgranaremos los singles de la colombiana uno a uno.

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¡Preparaos para mover las caderas y arranquemos un nuevo visionado!

El argumento y la metodología

Si los dosmiles nos dejaron al tándem Juanes y Nelly Furtado, a partir de la década siguiente la colaboración infalible en el mercado latino recayó en Maluma y Shakira. Chantaje fue una bomba contundente en 2016 que todavía suena en una noche tonta y aumenta la temperatura del local como si estallara el Krakatoa. Dos años después, la pareja repetía fórmula con dos hits igualmente erótico-festivos aunque sin tanto gancho como el inicial, Trap y Clandestino. Digo sin tanto gancho, pero siguen teniendo más gancho que muchos dúos genéricos de latino y urbano.

Ocho años después, que se dice pronto, Shakira y Maluma se reúnen en Agua, un merengue-pop que tiene más ganchos que el capitán de Peter Pan y que está empeñado en hacerte mover el cuerpo como si fueras uno de esos cactus con pilas que reaccionan al mínimo sonido.

Agua nos habla de una pareja que tiene una clarísima tensión sexual previsiblemente a punto de vivir su desarrollo. Ambos se piropean mutuamente en sus versos y cuando se juntan en el estribillo, que es de un infalible nivel Caribe Mix noventero, es imposible que no lo animen a uno a bailar pegado con la primera pareja que encuentre a mano.

El vídeo oficial

Shakira y Maluma dijeron: “mira, nos hacemos el mismo vídeo que Chantaje, pero le ponemos aquí una ducha que empape, que eso siempre queda un puntito secsi extra”. Y claro, ocho años después de aquel primer encuentro, el vídeo de Agua parece una competición tremendamente igualada por ver cuál de los dos está más bueno.

La pareja de colombianos decidió que si alguien puede sostener un primer plano como Anne Hathaway en Los Miserables pero disfrutando de su perfil de puterío, son ellos dos. ¿Primer plano de Shakira? Boom, embarazados. ¿Primer plano de Maluma? Boom, como yo te conocí: mojaíta.

Shakira le mueve la cadera a Maluma, Maluma le restriega cebolleta a Shakira, los dos se pasean por las paredes del club porque nada más aesthetic que dos monumentos frente a una pared agrietada y de nuevo posan en los entornos más inverosímiles con una gama de colores más calientes que su público.

Dirige esto Hannah Lux Davies, responsable de los vídeos de Say So de Doja Cat o 7 Rings de Ariana Grande. No es la primera vez que trabaja con Shakira: Día a Día o Puntería también son vídeos suyos. No siempre una puede acertar, como es evidente. Menos mal que ha arreglado el currículum con este desfogue acuático.

¿A qué Shakira representa?

A la Shakira post-La Tortura. La Shakira que dijo: te pongas como te pongas, yo no he cogido una guitarra ni la voy a coger en mi vida. La Shakira de encaje y pedrería faux-arábica. La Shakira que está empeñada en outclubbear a toda una generación y encima lo consigue con creces. Cuando tú estás volviendo a tu casa a las tres de la mañana, ella sigue en la tarima imaginaria con un día a día, dos ikos y media docena de alé alé let’s gos.

¿Cuántos golpes de cadera merece?

Cuatro. No es más infalible porque la fórmula ya estaba probada y le faltaba este extra de punch que le da el efecto sorpresa. A estas alturas que estos dos nos pongan a mover cadera es previsible. Ahora, la previsibilidad no le quita lo efectivo: menuda bomba.