Seis años después de su último concierto, en marzo de 2020, para el Courage World Tour, Céline Dion ha regresado a los escenarios con el primero de los conciertos de su residencia en París. Una serie de 26 conciertos que nos devuelven a una de las mayores voces de la historia del pop, tras contarnos en el documental Soy Céline Dion que estaba lidiando con el síndrome de persona rígida, que le impedía controlar sus músculos voluntariamente.
Aunque la enfermedad no tiene una cura conocida, tratamientos y ejercicios a lo largo de estos últimos años parecen haber dado a Céline una cierta normalidad que le ha permitido regresar a su mayor pasión. La cuestión, con este regreso, era saber si Dion volvería frente al público a modo de despedida, en un show cargado de pregrabados que simplemente le sirviera un poco de merecido homenaje —un poco como el Hymne À L’Amour con el que la vimos en los Juegos Olímpicos de París en 2024—, o si lo haría con un show en directo en toda regla.
Pues bien, la artista ha optado por el comeback contundente y se ha lanzado a lo segundo, con algún apoyo en playback durante el setlist, pero nada que no hubiera hecho en muchas de sus giras previas. Para compensar las evidentes consecuencias de su enfermedad, Céline ha adaptado el tono de muchos de sus clásicos, tirado de mucha más nasalidad y dado nuevas formas a los ad-libs, pero ha salido más que indemne de una colección de hits que solo ella es capaz de sostener. Adaptados o no.
Un setlist de 25 canciones —14 en francés, 11 en inglés— que han incluido clásicos como Because You Loved Me, It’s All Coming Back To Me Now, All By Myself o una My Heart Will Go On que ha sonado acompañadísima por el público. Un público, el allí presente, que emocionó en varias ocasiones a la artista con su acogida. No era para menos: Céline cumplió con creces y su audiencia la recibió con el abrazo que merecía. Esperemos que su voz aguante también unos años más igual que ella: como una jabata.