Cuando llega el calor, los chicos se enamoran pero los hay que siguen simplemente salidos como el pico de una plancha. Quevedo ya tuvo su momento SECSI durante Buenas Noches, pero queda demostrado que el espíritu insular de El Baifo no ha relajado su bilirrubina y que él quisiera ser un pez para posar su nariz en tu pecera. Y en este momentum canario que tiene por las nubes se suma a Ptazeta, que demuestra que el calentón estival se contagia que da gusto. Ambos ven a la protagonista de Cuica y demuestran que a la muchacha, como diría María Dolores De Indigo, le gustan ellas, pero ellos también.
Ptazeta y Quevedo se juntan en las calles, porque si algo sirven además de heladito de gofio, es barrio. Ellos crean pandilla en las calles, ellos can you keep up, baby boy? make me lose my breath, ellos increpan a la cámara como si en vez de estar filtreando con una muchachita estuvieran pidiéndole al público el dinero de una factura a pagar. Ellos quieren derrochar secsapil y flirteo pero acaban luciendo cobrador del frac en sportswear.
Y en Cuica, antes del estallido reguetonero final con pequeños guiños a la electrónica dosmilera, predominan los tambores. Ellos dijeron “Micromanía de Tata Golosa, pero lo goloso lo ponemos nosotros”. Ellos tienen los tambores, los micrófonos, el sexo, el disco dance, house music y lo que esa batería termine pidiendoles.
Quevedo, que lleva una racha de hits que para sí quisiera cualquiera en este país, ha decidido que la maquinaria no para ni cuando ya tenía conquistado el verano con La Graciosa. Porque él habrá pillado al público más pop, pero la Ptazeta de Cuica quiere conquistar también al más urbano. Y ha puesto todas las sardinas en el asadero.
Será tu rollo si: eres concejal de cultura de Coalición Canaria en algún ayuntamiento y tienes menos de 30 años -todo un imposible-; el perreo hasta el suelo se te queda corto y lo quieres hasta el noveno infierno de Dante; las once de la mañana no es demasiado pronto para un mojito.