Sabrina Carpenter continúa con la promoción de uno de los smashes de la temporada, ‘Espresso‘, que está sufriendo el bloqueo de gente que publica 720 versiones del mismo tema en Estados Unidos. Y de dos ratas peleando por un churro, en este caso Drake y Kendrick Lamar, que han conseguido hacer de su beef un asunto de estado. Y la pobre Sabrina está en medio, tratando de aupar una canción pop efectiva y sin más trucos que lo pegadiza que es. Evidentemente, estamos a favor de eso entre comebacks soporíferos y batallitas machirulas.

Carpenter ha vivido su momento de gloria este fin de semana, pisando por primera vez el plató de ‘Saturday Night Live’ con su directo. Y ha decidido hacer lo que mejor hace: pagar todas sus facturas pendientes con la tarjeta oro del Banco Facial. Ha sido sacarla, pasarla por el datáfono del programa y, de pronto, todas sus deudas han quedado suspendidas. Es más, se ha generado superavit en su cuenta. Podría ahora invertir en acciones de alguna empresa solo con el aleteo de sus pestañas postizas.

Porque si algo nos gusta de una estrella del pop es que esté metida en el papel de estrella del pop. Y Sabrina está tan metida que a ratos podrías confudirla con un miembro de la familia Matamoros. Así de metida está. Sabrina controla las finanzas de su cuenta del Banco Facial como nadie. De pronto hace una mueca y todos sabemos que hay ironía, de pronto un pestañeo y la mitad de Estados Unidos está pidiendo un café. Un café que se les queda frío porque siguen pendientes de sus medias sonrisas, sus guiños y cara de seducir al mismísimo Papa Francisco si hiciera falta. Para inmediatamente después dejarlo plantado, con cara de “ay pobre, te lo habías creído”.

Además de ‘Espresso‘, Sabrina Carpenter aprovechó también para recordar un par de hits más de su curriculum, ‘Feather‘ y ‘Nonsense‘, que si bien no fueron smashes de listas a la altura del nuevo, están certificados en Estados Unidos y suman un buen porrón de streams. Los hizo en directo con un look a medio camino entre Ana Mena y el Moulin Rouge. No nos sorprende que las aspas del local parisino hayan caído esta semana. Las dejaría atontadas.

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