Una de las cosas más complicadas que hay en el universo fan es ser fan de Frank Ocean. Es complicadísimo. Es que no da ninguna facilidad el hombre. Y ocurre desde el primer día, ¿eh? Recordemos que su segundo álbum, ‘Blond‘, se puso a la venta en formato físico durante una unidad de jornadas a través de su página web. Y su antecesor, el experimental ‘Endless‘ que buscaba librarlo de su contrato discográfico, tres cuartos de lo mismo. A esto hay que sumarle lo perezoso que es con aquello de los comebacks -hace ya más de un par de años que dejó abandonado un proyecto que parecía ir a desembocar en álbum completo-, y su costumbre de sumarse a carteles de Festivales para luego cancelar porque ese día le tocaba hacer patatas a la riojana e iba a ser un follón.

Pues bien, parece que toda esa pereza se le había pasado a Frank Ocean pero, casualidades de la vida, ocurrió una pandemia justo cuando tenía la agenda llena. Él que mentalmente tenía el esquema hecho de un disco de regreso, las fechas del lanzamiento, la idea del tour, los venues pensados… y vaya por Dios, llegó el Covid. Y claro, cuando hubo pasado el momento de emergencia y se pudo volver a los directos, ya el proyecto se le quedaba demodé al hombre. ‘So Yesterday’, que diría Hilary Duff. De modo que como si de un Renault Twingo se tratara, cogió sus pasadísimas ideas de touring y las aparcó.

¿La buena noticia? Pues que por ahora, y hasta que lo cancele dos horas antes de tener que aparecer en el escenario, Frank Ocean es el cabeza de cartel anunciado para Coachella 2023, que debería celebrarse el próximo abril. Lo suyo sería que para entonces ya tuviera algo de música editada, aunque capaz es de publicar un single y adiós, muy buenas. Total, si las probabilidades de verlo actuando ya son bastante reducidas en realidad.

Y os preguntaréis «pero entonces, este chico ¿de qué vive?». Pues de diseñar bisutería. Él es básicamente el Bijou Brigitte de los americanos. Pero caro: él vende pendientes por unos mil dólares la unidad. La unidad, que no el par. Si quieres dos pendientes iguales, pues dos mil dólares. Venderlos por parejas es una ordinariez. Y en la misma web donde ejerce de American Anabel Pantoja, ha puesto ahora a la venta un cockring de, ojo, 26.000 dólares. A dos que venda ya se ha hecho el verano. Es un negocio de la polla. Perdón.

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