Kanye West acaba de publicar un nuevo álbum, Bully, que ha sido recibido con malas críticas pero con el abrazo de un público que aún está llenando su tour y que lo llevó al #2 de la lista de Billboard, solo detrás del nuevo álbum de BTS, apoyado por una campaña de fans de compra masiva de sus múltiples formatos. Y en esta ocasión, a Dios gracias, porque que alguien que supone un auténtico peligro social como Kanye West siga encontrándose en esta situación es digno de estudio.
Atrás quedan sus días de provocador, de inconsciente dentro del espectro pop y de bocachancla permisible; en los últimos años, West se ha transformado en una persona capaz de violentar y acosar a su exmujer a través de las redes sociales, insultar a través de ofensas capacitistas al hijo pequeño de Beyoncé y Jay-Z o ir a por todas en una campaña en la que se declaró abiertamente nazi. Todo ello, claro, tras un apoyo preelectoral de Donald Trump y después una precampaña propia con tintes más derechistas. Un enfermo mental no solo evidente, sino declarado, que sin embargo sigue teniendo opciones de seguir con su carrera casi como si nada.
Casi, porque esta semana ha sufrido uno de sus varapalos públicos más evidentes: se ha caído del Wireless Festival británico y no solo eso, sino que con su caída se ha llevado por delante el festival completo. En los últimos días, anunciantes como PayPal, Diageo o Pepsi retiraban los apoyos al Wireless por continuar adelante con Kanye West como cabeza de cartel, pero el festival abogó por seguir adelante apoyando al rapero, hablando de “perdón” y “segundas oportunidades”.
El problema de Kanye es que su historial ya da vibras de Kiko Rivera. Hoy digo una barbaridad, mañana pido perdón, al día siguiente la barbaridad es mayor, vuelvo a pedir perdón y así en un bucle que no termina de tocar techo alguno. De modo que el perdón ya no está en fase de petición, sino de demostración pública a largo plazo. Si acaso.
Después de la caída de los patrocinadores, llegó el gobierno británico: Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido, habló de lo preocupante que resultaba la contratación de West después de su exaltación del nazismo. Sadiq Khan, alcalde de Londres, hablaba de que algo tan “ofensivo y erróneo no reflejaba los valores de la ciudad”. ¿Consecuencia directa? Se le impidió la entrada al país, provocando la reacción inmediata del Wireless Festival.
Os preguntaréis si nadie más actuaba allí. La respuesta es sí: tenían contratados a Travis Scott, Rita Ora, The Chainsmokers, Nicky Jam, Wiz Khalifa o Martin Garrix, pero ninguno les parecía suficiente como para poder compensar la falta de West que, insisto, ejercía de cabeza de cartel de todas las jornadas.
Los organizadores ya han anunciado la devolución del dinero de los tickets, pero la imagen del Wireless ha quedado total y completamente por los suelos.