Parece mentira, pero hace ahora un año que Kim Kardashian y Kanye West firmaran su divorcio de forma oficial. Desde entonces, el habitual errático comportamiento de Kanye ha ido tocando nuevos techos y en las última semanas, la verdad, está empezando a pasar nuevas rayas rojas. Más exactamente las de la violencia de género, porque es tal cual lo que está ejerciendo contra su ex-mujer a través de las redes sociales.

 

De polémica en polémica en las últimas semanas

A pesar de que el rapero ya tiene nueva pareja, Julia Fox, vive obsesionado con lo que Kardashian hace o deja de hacer. Y más obsesionado aún con la nueva pareja de ella, Pete Davidson, de quien no deja de compartir publicaciones a través de las redes sociales. Generalmente lo hace, además, con imágenes que muestras una disputa entre uno y otro, como si hubiera algo que disputarse en realidad. Davidson es la pareja actual, se supone, de Kim Kardashian. Punto final. Ella no es un trofeo a ganar tras una peleita de gallos. 

Kanye, además de citar al actor en sus post de redes sociales con comentarios del tipo «nadie ha sido capaz de encontrar una buena foto suya», también lo menciona en uno de sus recientes temas, donde además, dice una machistada del nivel de «si les permito tener a mi mujer, deberían darme las gracias». Señor, esa mujer hará lo que se le ponga en la punta de la pepitilla. Permitir, si acaso, les permitirás que toquen un Grammy tuyo o que posea la toalla de tu bidé.

Además de estos problemas en su comunicación pública, Kanye West ha hecho público, por ejemplo, que su mujer le ocultó la dirección de la fiesta de cumpleaños de su hija, en la que -oh sorpresa- apareció minutos después, tras borrar el mensaje de su muro. También hizo públicas desavenencias sobre el tiempo que pasa con sus hijos, que también procedió después a borrar. Su estrategia es la de presionar a Kim Kardashian a través de las redes sociales, que al tiempo son uno de los principales sustentos de ella. 

La disputa con la pareja de Kim se ha extendido también a su círculo de amigos, con Kanye dejando a Kid Cudi fuera de la reedición de ‘Donda’, su último trabajo, en el que figuraba originalmente, porque es a su vez amigo de Davidson. Una ida de pinza que, además, tiene que sumarse a las suyas habituales.

Como la que ha vivido con Billie Eilish en los últimos días. La artista paraba su concierto para darle un inhalador a un fan que parecía tener problemas entre el público y comentaba que «antes de seguir quería asegurarse de que todo el mundo estaba bien». Por lo que fuere, West consideró que el comentario venía a cuento del dramático episodio de Travis Scott en el ‘Astroworld Festival’, donde varias personas murieron tras una estampida entre el público. El rapero pedía a Eilish, de nuevo a través de redes, que se disculpara por lo dicho, y aseguraba que se llevaría a Scott a su show de Coachella. Billie Eilish no tardaría en responderle que «ni siquiera había hablado de Travis Scott en ningún momento» y que «se estaba limitando a ayudar a un fan». 

 

¿Pero qué le pasa a Kanye?

Kanye lleva mucho tiempo tocado. Desde 2007 más exactamente, cuando su madre Donda fallece en una intervención de cirugía plástica a los 58 años. De ahí en adelante, el downfall del rapero ha sido una cosa continuada. Porque Kanye siempre fue Kanye, las cosas como son: era una persona incómoda, polémica, con un ego desbordante y un bocazas. De ahí su episodio más famoso, el del momento VMA con Taylor Swift, con la que tendría una disputa eterna que ella cerraría 8 años después del suceso en ‘Reputation’, o su relación amor odios con los Knowles-Carter, o sus beefs con 50 Cent.

Pero sus comentarios han ido cada vez a peor: se obsesionó con la política apoyando a Trump sin venir en absoluto a cuento -habiendo sido él azote de George Bush años atrás, por ejemplo-, luego pasó a un rollo religioso casi sectareo que se extiende hasta la fecha de hoy y ya ahora, con su separación oficializada, estamos en estas.

Kanye West necesita ayuda, está claro, pero también necesita que alguien le pare los pies. Oficialmente. Porque la salud mental de uno no puede ser la excusa para ir a por la del resto. Si uno está mal, es hora de que alguien lo agarre del brazo y le diga: hasta aquí. Porque cualquier día lo vemos con un bate de baseball lleno de púas en la puerta de cualquiera y ya será demasiado tarde.

Una verdadera lástima que alguien con un talento tan desbordante como el suyo haya acabado así. Porque sí, todo esto también le ha pasado muchísima factura a nivel creativo.

 

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