Si tienes la mala suerte de haber cumplido cierta edad y haber seguido la carrera de David Bisbal desde los inicios, sentirás que, en cierto modo, es como haber seguido todo un proceso de vida. Si eres más joven y lo descubriste ya siendo una suerte de Michael Bublé con la cadera más suelta, enhorabuena. Pero al ser de los primeros, no puedo sino pensar en cómo han ido avanzando las cosas desde que arrancaran cuando aún Lou Bega nos parecía factible de marcarse un comeback con otro mambo. Resultó que, al final, la que cogió ese testigo mambero fue una componente de Mis-Teeq. La vida.
Pero no voy a perder el centro del tema: David Bisbal ha pasado de muchacho espitoso verbenero a estrella del pop-rock con elementos latinos, a coquetear con la electrónica porque aún se es joven, a pasar a colaborar con gente de moda porque aún se puede encajar algún hit… a versionar a Camilo Sesto. Cuando uno está ya en el punto de versionar a Camilo Sesto, por mucho que lo disfrace de homenaje nostálgico a sus inicios, ha entrado en la fase de adult-contemporary. Ha entrado en la fase de “actuación de gala de verano de 2004 en la que el Dúo Dinámico hacía un medley y aprovechas para ir al baño”. Ahora te quedarías viendo entusiasmado Silencio / Torre De Babel / Bulería mientras tu sobrino aprovecha para ir a la nevera y cogerse un flash.
Y dentro de ese perfil de señor, de Tamara Canta A Roberto Carlos, de americanita planchada en tonos tierra, David Bisbal ha cogido otro trabajo muy adult-contemporary: el de juez de Operación Triunfo. Efectivamente, David Bisbal será juez en la versión estadounidense del formato emitida por Peacock y Telemundo (¡mi gente latino!), ejerciendo de Leire Martínez por aquellas costas. Posiblemente no se meterá en ningún barrizal, pero podrá aportar una visión largoplacista a los concursantes. Algo que es sobradamente obvio que los pobres no tendrán. Porque la audiencia de eso luce a ser menor que la que aquí cosecha en Prime Video. Que ya es decir.