Si alguien sabe de revitalización de catálogo en el mundillo pop, esa es Katy Perry: en los últimos años, ha visto revitalizarse gran parte de su catálogo, incluyendo hits tardíos con Harleys in Hawaii, el ajusticiamiento de The One That Got Away (el single con peor peak de la era Teenage Dream, un #3 en Billboard, que también es fuerte que ese fuera el peor) o el amor global por Legendary Lovers, un no-single de Prism que ha terminado tomando la delantera a fan-favourites como Walking on Air.
Con ese arrebato nostálgico que le da un chute de energía a una pobre Katy Perry incapaz de movilizar las mismas masas con el nuevo material, parece que Billboard ha querido rizar un poco más el rizo y le ha colocado un bigudí a 143 que ha dejado el disco prácticamente como la cabeza de Anne Lukin.
Billboard ha tratado de defender que el material de Katy en aquel álbum simplemente se equivocó de momentum. Que era un disco veraniego, energético, fresco, que bien merecería una segunda oportunidad en 2026. Lo dicen, esencialmente, porque su consumo ha ido aumentando en las últimas semanas, llegando a los 10,9 millones de streams en la última, impulsada por sus singles y el efecto de Wonder tras ser interpretada en la apertura del Mundial.
Cuenta Billboard que puede que ahora que la sociedad americana está en un modo más, dicen, conformista, un disco despreocupado puede tener mayor efecto que en 2024, cuando estaba cargada de problemas económicos y con la previsión de Trump llegando a presidente de nuevo a la vuelta de la esquina. Sí, amores, Kamala Harris hubiera sido clave en el impacto de 143.
Para no decir que el disco era de un genérico tremendo con una Katy Perry simplemente víctima de las modas, le dan mil vueltas al tracklist, aunque lo terminan haciendo de forma un tanto pasivo-agresiva. Cada vez que Billboard dice algo positivo del trabajo, lo complementa con un comentario negativo sobre su escaso impacto. Algo como “qué fresquita era Lifetimes, qué lástima que no la comprara ni Daisy Bloom“; “qué elegante I’m His, He’s Mine, ¿recordáis que a Katy le produjo el disco un señor acusado de acosar a Kesha?”. Es como que cada vez que parece que le echan un cable al proyecto, utilizan el cable para ahogar más a la artista, como si no viviera ella en un asma comercial permanente.
Katy Perry es nuestra Paula Abdul, no le demos más vueltas. Tuvo una temporada de enorme éxito y simplemente dejó de tenerlo. Solo que le ha pillado en una era, la de internet, streaming y una generación volcadísima con la nostalgia, que le permite seguir siendo una figura relevante por catálogo. Un catálogo del que se acaba recuperando una joyita de cuando en cuando. Lo mismo de aquí a 15 años esa misma gente recupera un single de 143. Ahora mismo, francamente, lo dudo.