Ariana Grande está viviendo en Petal su momento más oscuro, siniestro, que diría Mila Ximénez. Posiblemente su álbum más reflexivo hasta la fecha, nos ha dejado dos singles —Hate That I Made You Love Me y este— que tienen el espíritu del sonido de Grande pero la cabeza puesta en Pesadilla Antes De Navidad. Un punto retro, un punto tétrico, un punto de estar de todo hasta la punta de sus mismísimos 7 Rings.
En Petal, Ariana nos habla de resiliencia, de ser capaz de sobrevenir a lo que la vida le echa encima, consciente de su posición de privilegio pero sin obviar sus dramas. De hecho, el último —el de las críticas a su físico y cambio de personalidad— es el punto central de Petal. Ariana exagera su ya de por sí exagerada delgadez para que su personaje parezca dispuesto a pasar un casting en el que nunca sabe cómo acertar, hasta que en el momento en el que los señoros directores del mismo le dicen que “echan de menos a su anterior yo” pierde los nervios.
Después se descubrirá el final, como si Tarantino hubiera dirigido un episodio de La Tribu De Los Brady. Petal continúa con la intención cinematográfica de Ariana y es una mejor continuación del single que arrancaba la era, que parecía un tanto menos inspirado que este. Quizá es también que estaba más falto de contexto y que a Petal el lanzamiento del álbum completo le ha ayudado a aterrizar mejor.
Sea como fuere, es posible que cuando pasen un par de años y Ariana Grande mire hacia esta era piense “menos mal que la he dejado atrás”. Mientras tanto, si la música le ayuda como válvula de escape a todas sus presiones personales y va dejando salir canciones como esta, bienvenido sea el proceso hasta su mejora.
Será tu rollo si: Te paras a mirar las postales de las tienda de souvenirs; tienes una cobaya; tu personaje favorito de Embrujadas era Paige Matthews.