Existen los artistas que no hacen justicia a sus catálogos, los catálogos que no hacen justicia a sus artistas y, como en el caso de hoy, lugares que no hacen justicia ni a los catálogos ni a los artistas. A lo largo de cuatro décadas, Kylie Minogue ha dejado una colección de hits para las girls y los gays que, como diría Rosa Benito, le quitan a uno el sombrero de un soplío. Y una buena parte de ellos sonaron durante su Super Bowl australiana, porque Kylie hizo un medio tiempo de 20 minutazos en la AFL Grand Final. No me hagáis explicaros en qué consiste esto, de la misma manera que nadie explicó al público en qué consistía Kylie.

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Porque mientras ella, espléndida como siempre, hiló un hit con otro, y con otro, y con otro, y subía al escenario a William Barton o G Flip —populares artistas australianos, que para eso estaba sacando pecho en su propia casa—, el público permanecía tieso como un menhir. Como Rocco Siffredi en su mejor momento, quitando el factor excitación. El público era el árbol de Gernika. Estaba siendo bombardeado —a éxitos, en este caso— pero ahí, inmóvil, estático. He visto a Ramón Sampedro dar más en una rave.

Tanto es así que Kylie llevaba pregrabado. Pero ojo, no de su voz —que cuando no estaba cantando, claramente no estaba cantando—, sino de los gritos del público. Se nota, especialmente, porque el corte es súper abrupto. El entusiasmo estaba sacado del Audacity por si las moscas y era súper evidente porque cuando se enfoca a las gradas, las gradas son una tribu un dos de febrero, sin cámaras.

Eso sí, nada impidió a Kylie lucir entusiasta y lucir catálogo. Se vino arribísima con el camp de Loco-Motion, estaba eufórica en Padam Padam, acercó Confide In Me al country y prácticamente repasó cada una de sus eras, incluyendo un guiño ochentero a I Should Be So Lucky en la entrada de una niña vestida retro con un walkman. El único momento en el que los allí presentes despertaron un poco fue en Can’t Get You Out Of My Head —posiblemente el hit más multitarget del universo Minogue—, cuando los “la la la” sabíamos que eran reales porque se escuchaban a destiempo.