Kanye West va a publicar un nuevo disco y ha decidido sacarlo de gira en una gira mundial, sí, pero que cuenta con menos fechas que un tour de Coyote Dax hoy día. Por sorpresa, una de las citas europeas se va a dar en Madrid, con el rapero actuando en el Metropolitano. Y hay movida con la venta de entradas, que está siendo de todo menos sensata.
Los tickets se venden a través de la web oficial del evento, a los precios desorbitados de costumbre, pero es que se han puesto a la venta sin anuncio, sin ticketera —en Francia o Estados Unidos los vendía Ticketmaster— y, al buscar la dirección de la empresa organizadora en España, aparece en Google Maps una inmobiliaria. Vamos, que todo lucía bastante a estafa. Los fans —well— sospechaban aún más cuando los tickets les llegaban en PDF y sin problemas para su compra a través de colas virtuales.
Claro, con miles de tickets aún disponibles en la web oficial, qué cola virtual ni qué nada iba a tener ese show. Kanye West ha tratado a su público como lo que es: idiota. Porque yo he ido a ver a Kanye West en directo, en la época en la que no había pasado la línea entre el macarrismo pop y la desfachatez psicopática, pero darle dinero a este señor actualmente, cuando lo que debería es estar en un centro psiquiátrico hasta conseguir arreglar lo suyo, pues tiene las consecuencias que tiene que tener.
El organizador del evento, tras una preventa decepcionante en la que anunciaba una venta del 85% del evento sin haber vendido siquiera la mitad del estadio, bajaba los precios de los tickets al arrancar la venta oficial: las entradas de casi 300 euros pasaban a costar apenas 180, por ejemplo. Se justificaban explicando que esas entradas habían bajado por la baja visibilidad de su posición, pero curiosamente días después volvían a su precio de origen. Vamos, que ha habido gente pagando el doble que otros por el mismo asiento.
De nuevo, merecido, sinceramente. Es, al menos, tranquilizador ver que la venta de entradas va —posiblemente— mucho peor de lo esperado y que el sold out, de llegar, llegará con toda la calma del mundo, pero también perturbador ver la cantidad de gente dispuesta a pagar por semejante desequilibrado. Un peligro social que, añadiré, posiblemente ni llegue a realizar el concierto.
Y será la estacada final a un público que debería desearle algo mejor que un tour en estos momentos.