‘Flesh Tone’ de Kelis, la maternidad en mitad de la pista de baile

‘Flesh Tone’ de Kelis, la maternidad en mitad de la pista de baile

2006 fue un año complicado para Kelis. Publicaba su cuarto álbum, ‘Kelis Was Here’, habiendo pegado un estirón comercial con el anterior, ‘Tasty’, que había dejado los hits ‘Milkshake’, ‘Trick Me’ y ‘Millionaire’. El nuevo disco se publicaba en mitad de una reorganización de discográficas que dejaba la de Kelis en manos de una Jive que aún no tenía un claro liderazgo y, menos aún, un proyecto en marcha para el lanzamiento del álbum de Kelis, que venía de un pequeño sello de Pharrell Williams dentro de Virgin.

El cacao organizativo y el tropiezo del primer single, ‘Bossy’, la dejaba con pocas armas y el disco fue un fracaso. Ni siquiera ‘Lil Star’ (#3 en UK y un éxito moderado en Europa) pudo salvar aquello, que devolvía a Kelis a la casilla de salida, al impacto más bien undergound de sus dos primeros álbumes. Las cosas así, comenzó a grabar su quinto disco sin sello.

Sin sello y embarazada, pero con la mente puesta en hacer lo que le salía del mismísimo ‘Milkshake’. De modo que grabó en su propio garaje y el proyecto llamó la atención de Will.I.Am, que terminó involucrando a un equipazo en el disco y lanzándolo a través de su propio sello, en colaboración con Interscope.

Aquel quinto álbum, ‘Flesh Tone’, tampoco supuso un éxito para Kelis en lo comercial, pero la crítica se lo comió con patatas -citándolo como uno de los mejores álbumes de aquel año- y la artista se adelantó -por los pelos- al boom de álbumes pop-EDM que la seguiría después. Y lo hizo con absoluta elegancia.

Hoy, rompemos una lanza a favor de ‘Flesh Tone’, que mereció bastante más apoyo del público. ¿Lo hubiera tenido en una era de consumo por streaming?

 

La maternidad que escapa a los clichés del pop

Cuando Kelis arrancó la grabación del disco, el descubrimiento de su maternidad sacudió por completo su contenido. Al final, un puñado de temas del disco están dedicados al proceso o directamente a su bebé. ‘Acapella’, el primero de los singles, habla con total claridad del tema: “sobrevivía por mi cuenta, antes de ti, mi vida estaba acapella”. La maternidad también tiene reflejo en otro de los singles del álbum, ‘4th Of July’, en el que Kelis canta “no pensé que te necesitaría, nunca pareció ser así, pero ahora soy una nueva soy, me has cambiado ¿ves?”.

El disco termina incluso con un himno luminoso, ‘Song For The Baby’, cuyo título no puede ser más obvio. “Te escribo esta canción, tal y como mi madre me pidió que hiciera”, arranca, para después tirar por un clásico: “es probable que no tenga todas las respuestas para todas tus preguntas”.

El mensaje es muy maternal, pero la vuelta de tuerca que Kelis dio a ‘Flesh Tone’ es que lo envolvió todo en algo que escapaba a los clichés de la balada y el medio tiempo tierno, habituales en los álbumes o lanzamientos maternales de las artistas pop: Kelis publicó banger tras banger, entregada al clubbing, al baile sin pausas, a la celebración más allá del baby-shower y el hortera y desfasado ‘gender reveal’. Lo de Kelis era euforia. Una celebración de la vida con el fiestón que ello merecía.

 

La producción de Will.I.Am, David Guetta o Benny Benassi

Como hemos comentado, Kelis empezó a grabar su disco de forma independiente y sin sello, pero a pesar de que el proceso arrancará así, ‘Flesh Tone’ terminó teniendo un equipo absolutamente envidiable. Burns (que trabajaría intensamente en el ‘Chromatica’ de Lady Gaga) produjo ‘Intro’ -que en realidad era una canción completa; David Guetta se encargaría de ‘Acapella’ -una de sus mejores y más ambiciosas producciones hasta la fecha- y de ‘Scream’; y Benny Benassi metería mano en las adictivas ‘Emancipate’ y ‘Brave’.

El proyecto estuvo producido de forma global por la propia Kelis, aunque recibió también la co-producción de Will.I.Am en uno de sus proyectos pop más solidos, y de Jean Baptiste, que venía de trabajar con Rihanna, Macy Gray o los propios The Black Eyed Peas.

Lo interesante del proyecto es que todo este chorreo de nombres terminó trabajando en un producto tan coherente que parece producido por las mismas manos de principio a fin. Y es uno de esos de los que estar francamente orgulloso.

 

Una nueva vuelta de tuerca para Kelis

Nadie puede decir que Kelis sea una artista acomodada. La cantante había tocado palos como el R&B y los ritmos más souleros en los primeros álbumes, para ir tornándose más hip-hop con el paso del tiempo, sin abandonar sus raíces del todo. Podríamos decir que ‘Flesh Tone’ fue para ella como el popero ‘0304’ para Jewel, una forma de romper con su sonido tradicional y tirarse a la piscina a probar, pero lo cierto es que este no era el primer coqueteo de Kelis con las pistas de baile.

La artista colaboró en 2003, bastante antes de que estallara todo el boom por el EDM y dos años antes que Madonna devolviera al dance-pop todo su brillo, en el ‘Let’s Get Ill’ de Diddy, un trallazo que no está oficialmente disponible en plataformas y que fue grabado cuando el rapero era manager de la artista.

 

‘Flesh Tone’ supuso una auténtica vuelta de tuerca para Kelis, planteada en el momento en el que nadie esperaba que fuera a hacerlo, acompañada del mejor equipo que podía haber pedido. E insisitimos, sin discográfica en el proceso hasta que Interscope intervino en el lanzamiento. Como dato curioso: Kelis volvería a cambiar de sello de cara a su siguiente álbum, ‘Food’. Cinco sellos para seis lanzamientos. Desde 2014 permanece en casi absoluto silencio discográfico, habiendo participado apenas en un par de tímidas colaboraciones.

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