Katy Perry recupera la sonrisa pero su inner saboteur también aparece en ‘Smile’

Katy Perry recupera la sonrisa pero su inner saboteur también aparece en ‘Smile’

El quinto álbum de Katy Perry no ha podido llegar en un momento más complejo y con un mensaje más despreocupado: en plena pandemia global, sin apenas herramientas de promoción y con su embarazo tan desarrollado que dio a luz el día antes de la publicación del álbum. Para colmo de males, Katy llegaba de arrastrar el fracaso de ‘Witness’, si nos permitís, mucho más amplificado por la continua expresión de la artista del fracaso que fue. Porque sí, ‘Smile’ llega como la salida al túnel que le provocó un disco que no fue bien, pero tampoco resultó la catástrofe como la que se vende.

Y para su resurgir anímico, como decimos, Perry aboga por mensajes de amor, de positividad, de buen rollo y por firmar un disco sin demasiado trasfondo aunque no por ello impersonal. De hecho, la artista habla en ‘Smile’ más abiertamente que nunca de lo que ha venido ocurriéndole en el último par de años.

Para continuar desgranando el disco, veamos las tres ideas que lo definen.

 

Otra buena muestra de que el pop puede ser puro pop

El último par de años está siendo un buen año para demostrar que el pop puede volver a ser pop sin necesitar influencias específicas de estilos externos. Sin sonar a trap, sin sonar latina, Dua Lipa ha arrasado con ‘Future Nostalgia’ y algo antes Taylor Swift ejecutaba ‘Lover’ con absoluto éxito. Katy Perry ha firmado también un disco de pop directo, con referentes disco, algo de electrónica, pero esencialmente puro pop.

A diferencia de ‘Witness’, ‘Smile’ va a lo que va. No es experimental. No busca nuevos destinos para Katy, se aferra y afina los que venía manejando hasta ahora. El álbum es un “más vale conocido” que a ratos le sale bien a la artista, pero a ratos también la hace previsible, dejando en el contenido de las letras el mayor peso del trabajo. Y las letras, en ocasiones, también pecan de demasiado obvias.

A pesar de ello, ‘Smile’ consigue su objetivo de trasladar el buen rollo y la sencillez al oyente, es un disco que se deja escuchar con pasmosa facilidad, que no se hace largo y que está repleto de mensajes con los que identificarse. Aunque sea de forma facilona.

 

La referencias al pasado, mejor cuando son al reciente

El problema de Katy Perry ya lo hablábamos hace unas semanas, cuando explicábamos que la reinvención de una artista no debe ser una obligación sino una opción. Y en el caso de ‘Smile’, Katy ha vuelto a confundirnos: vendía el trabajo como algo reminiscente de ‘Prism’ y ‘Teenage Dream’, pero el tema nostálgico ha sido un ir y venir que ha confundido al público. ‘Smile’, single y vídeo, son de un bobalicón y plasticoso que sí, puede que recuerden a ‘Teenage Dream’, pero los 10 años que hemos pasado desde aquel lanzamiento no han pasado por la canción. La fórmula está obsoleta. La estética de todo el álbum es una malísima elección, porque trata al público como alguien que necesita recordar quién es ella, de donde viene. Y es 2020: queremos saber a dónde va.

Por eso las producciones más elegantes y con las miras más en ‘Witness’ (‘Teary Eyes’, ‘Champagne Problems’) funcionan mejor que las que van a saco (‘Tucked’, ‘Only Love’) porque se las ve venir de tal forma que no hay efecto sorpresa alguno. Y Katy aún tiene ases en la manga para jugar, como parte del tracklist revela cuando se ha escuchado el álbum completo.

 

Algún filler a pesar de su corta duración

Apenas doce canciones conforman ‘Smile’, lo que es de agradecer en un momento en el que el cómputo de streams prácticamente obliga a los artistas a subirse al carro de la fórmula de la veintena de canciones por disco, haciendo de los álbumes algo infumable. ‘Smile’, como antes hemos apuntado, es un disco de escucha rápida y fácil. Pero el inner saboteur de Katy deja fillers como ‘Daisies’ o la canción titular, o incluso la ‘Resilient’ que es cuca pero no especialmente memorable. Perry quiere dibujar su paso por el mal momento emocional, de pareja y profesional y su posterior superación con una balada que, al final, todo sabe a excesiva autoayuda. A nivel letras, ‘Daisies’ es la única que tiene algo de profundidad, pero Perry vuelve a tirar de fórmulas sobadas y no la termina de hacer brillar.

Y seamos honestos: no es especialmente una buena señal que el un álbum de una docena de temas, un tercio nos parezcan entretenidas, pero algo filler.

 

El resto de ‘Smile’ se mueve en una zona cómoda a pesar de lo atractivo, con ‘Tucked’ tirando del funky que podía haber caído en manos de Meghan Trainor, ‘Harleys In Hawaii’ poniendo el puntito sexy y resultando de lo más encantador del trabajo u ‘Only Love’ desparovechando un tanto las oportunidades góspel que el beat del tema pedía a gritos.

Aún así, quedan bastantes motivos para sonreir: en ‘Champagne Problems’, la referencia disco es exquisita, lo oscuro-positivista de ‘Not The End Of The World’, ‘Cry About It Later’ y ‘Teary Eyes’ es una gozada, ‘Never Really Over’ sigue funcionando como bomba efectiva del ni-contigo-ni-sin-ti y ‘What Makes A Woman’ vuelve a demostrar que la Katy en modo cantautor también funciona. Y además, ha querido integrarla del todo en el disco con puntitos más poperos que la dotan de cierto encanto extra.

Con la sonrisa ya asegurada, es el momento de que Katy Perry se quite la nariz de payaso, el enorme peso de sus eras de éxito de la mochila, los pasos adelante y atrás en su estética y busque la carcajada definitiva. La que se ría porque sabe de dónde viene, pero más aún a dónde va. ‘Smile’ , por ahora, cumple como disco de transición de las sombras a la luz.

 

Temas clave: ‘Cry About It Later’, ‘Not The End Of The World’, ‘Teary Eyes’

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