Amaia Montero vestida de rosa chicle en el centro del escenario y la banda, casi en la penumbra, en un segundísimo plano en la parte trasera del concierto. Qué buena metáfora de lo que han sido los últimos meses del grupo, desde el despido de Leire Martínez, cuando los cuatro hombres —ahora tres— de La Oreja metían la cabeza debajo de la tierra, empujando con el culo a La Montero para que respondiera las dudas de la prensa. Al menos han sido consecuentes y también la han dejado ejercer de líder en los shows de regreso.

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La Oreja regaló a los 15.000 asistentes del Bizkaia Arena de Barakaldo exactamente lo que pedían: nostalgia, himnos para saltar con los amigos y dejarse la voz cantando junto a Montero. Y claro que es lo que hicieron con los 10 tracks de Lo que te conté mientras te hacías la dormida, los 7 de El viaje de Copperpot, los 3 de Dile al sol y otros seis cortes posteriores más entre los que, sí, había canciones de la etapa de Leire Martínez. Ahora vamos con eso.

La Oreja ha reaparecido con su formación casi-original en un escenario de estilo sixties, confirmando que la estética de las poquísimas fotos promocionales que habíamos visto hasta ahora tenía sentido más allá. El escenario funcionaba, con paneles blancos girando, sirviendo de pantalla y cambiando de color. Una muy buena idea que acompañaba bien a un catálogo que tampoco pedía especialmente nada más. El concierto, como decía, se sostenía con los estribillos y el ambiente.

Un ambiente no fan, sino de público general. De ahí que cuando Amaia explicaba sus problemas de salud mental —aunque siga sin hablar del elefante en la habitación, el principal de sus problemas—, costara que se hiciera el silencio. Amaia intentaba contar qué había pasado pero seguía el chascarillo, las risas, y los fans de las primeras filas pedían algo de silencio sin demasiado éxito. La gente no estaba allí para escuchar discursos, estaban ahí para volver a tener dieciséis años y un discman.

“Estaba completamente perdida, hasta el punto de no reconocerme. Bajé al mismísimo infierno y no es una forma de hablar. Hubo unos días de máxima oscuridad en los que pensé que todo había terminado para mí: la vida, la música, se habían apagado. Con mis cicatrices de luchar mucho aquí estoy, con toda la ilusión y las ganas de cantar con vosotros.”

Y las cicatrices de Amaia quedaron en evidencia, como era de prever: sí, demostró estar en un momento vocal mucho mejor que el de sus últimos años, pero lejos de su época de gloria y lejos también de sostener el catálogo con los tonos originales. Notablemente desafinada en clásicos como Muñeca de trapo, la última Todos estamos bailando la misma canción, con un espantoso cover de Nothing Compares 2 U y sobradamente desafinada en La niña que llora en tus fiestas o El último vals (estos fueron los temas de la era Leire, además de Tan guapa), Amaia tuvo también algún problema técnico con los in-ears. Aún y con esas, insisto, en los vídeos del show puede verse que Amaia ha sido bastante capaz de sostener este primer concierto. La gira, eso sí, cuenta con 34 fechas. Veremos.

El regreso de La Oreja de Van Gogh ha cumplido, tras meses de silencio imperativo por el backlash del despido sin explicaciones de su anterior cantante. A la banda le ha servido, en el absoluto corto plazo, no hacer acto de aparición más que en la actuación pregrabada —y en estricto playback— de Navidad. A Amaia le han venido bien estos años de retiro y toda la calma que le han permitido sus compañeros de grupo.

La clave de esto, como desde el principio, es ver si toda esta estabilidad resiste al paso de los meses.

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