Ha pasado algo más de un año desde que Vicco publicara ‘Nochentera‘ para competir por el Micrófono Roñoso en el Festival de Benidorm. No ganó aquella segunda edición, pero ¿sabéis que lo que sí que tuvo? El cariño de toda esta gente en forma de multiplatino y hit global e intergeneracional en nuestro país. Todo Dios se sabe ‘Nochentera‘ en España. No escapa a la abuela, no escapa al niño, ni al cuñado. Suena donde también suena ‘Las 12’, pero suena también donde suena ‘Pastillas De Freno’. Hay incluso versiones en clave bumping para que pueda sonar en clubs chunguísimos de extrarradio donde cada día es 2001.

Y vista la situación, la estrategia de Vicco pasó por tocarla hasta en la sopa. No hubo oferta laboral que desechara. Actuó en televisión, en galas de pueblo, en Festivales de radio, dio conciertos propios y si te descuidabas, al abrir tu tarjeta de cumpleaños también sonaba ‘Nochentera‘. Y claro, antes de que el público se saturase -que estamos ya rozando ese límite un año después-, acabó ella harta.

Principalmente porque con cada lanzamiento, Vicco ve que se le complica la cosa post-súbete-el-hielo-Mari. Ha sampleado clásicos del pop español, versionado otros, puesto música a un anuncio de helados en repeat todo el verano y colaborado con un comodín como Abraham Mateo. Y la flauta no ha sonado en la escala deseada. La flauta era aquel meme desafinado de ‘My Heart Will Go On’.



Con lo que Vicco sigue actuando con ‘Nochentera‘, con la excepción puntual de su aparición en ‘Operación Triunfo’, donde sí que logró hacer un hueco a ‘Te Quiero’. La última performance se ha dado en ‘Masterchef‘, donde el techo de cringe e incomodida ha superado al techo que marcaban aquellos “¿quién quiere fiesta?” de sus últimos shows. Si por entonces lo gritaba con cara de querer meterse en la cama en pijama, anoche directamente le faltó salir con el y un almohada.

Delante de ocho niños que gritaban entusiasmados lo de “un chupito de absenta” lo suyo era más uno de acelga. De “tierra, trágame”. De “cuándo decidí decir que no a aquel puesto en la inmobiliaria, si pagaban bien”. El toque de Brummel con el bailecito del jurado a su lado mientras ella paseaba delante de un regalo gigante esperando a que se atascara el playback y por lo menos vivir una situación excitante. Y eso que, por una vez, podría estar celebrando que no la habían disfrazado de villana de los Power Rangers.

Tras un minuto y medio que le han debido parecer tres horas, Vicco ha esbozado su mejor Sonrisa Malú™ y ha seguido el rollo de los allí presentes para acabar lo antes posible y pasar página. ¿De qué libro? Pues está por ver.

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