Crítica

‘Rainbow’ | El álbum que estrena a Kesha fuera del barrizal de brillantina

‘Rainbow’ | El álbum que estrena a Kesha fuera del barrizal de brillantina

El drama de Kesha parece llevar una eternidad persiguiéndonos: lanzamientos bloqueados, una disputa irregular con Dr. Luke saldada en favor del productor por el momento, aunque desembocará en su despido, y ya, en su ausencia, el lanzamiento del nuevo disco de la cantante, ‘Rainbow’, con un nuevo equipo detrás, y como era de esperar, un nuevo sonido.

Como decimos, parece que la cantante llevara siglos ausente, y en realidad, han sido menos de 5 años desde ‘Warrior’, el mismo tramo de tiempo que llevábamos sin discos de Rosa López o Christina Aguilera, por poner los primeros ejemplos que se nos vienen a la cabeza. De hecho, es casi una suerte que Kesha haya estado fuera del estudio tanto tiempo, porque su renacer, sin símbolo de dólar y sin purpurina, suena mucho más convincente tras sentir su falta.

Antes de analizar en más profundidad el contenido de ‘Rainbow’, nos quedamos con nuestros top3 tracks del álbum.

 

Bastards

Si algo hace bien Kesha en esta etapa, porque el papel le va que ni pintado, es posicionarse del lado de los outcast, de los que no encajan, de los que sufren por diferentes. Y es que eso es algo que siempre ha ido en su personaje, pero dadas las situaciones que ha venido narrando los últimos años, ahora le toca más de pleno. ‘Bastards’ es la canción que abre el disco, con un mensaje directo, de posicionamiento anti-bullies, de ánimo a los que son dejados de lado. «He sido infravalorada toda mi vida, sé que la gente hablará, pero me da igual, no quebrarán mi espíritu», dice la cantante en una composición casi acústica que sólo rompe hacia el final en un giro con una instrumentación algo más Coldplay.

https://youtu.be/WSm80g3ba1c

 

Praying

Y tal y como ocurre con ‘Bastards’, en lo nuevo de Kesha se descubre por fin a la intérprete, un papel más allá del de la muchacha medio ebria con montones de autotune y mensajes inocuos en sus canciones. Y sí, Kesha nunca llegará a ser Whitney o Celine Dion, pero ni falta que le hace; en ‘Praying’, el primer single del álbum, hay una verdad que nos recuerda mucho, por ejemplo, a Adele. Una cantante que puede no tener el mayor registro del mundo, pero que sabe aprovechar su voz y sobre todo, transmitir. Vamos a atrevernos incluso a compararla con Amy Winehouse -en ese sentido-: no es una voz potente, es una voz de verdad. ‘Praying’ brilla en el álbum como, no sólo su mejor balada, sino una de las mejores lanzadas en la última década.

Es desgarradora, potente, su estribillo es perfecto y, como decimos, es el reflejo idóneo de la nueva Kesha. Para nosotros, es claramente una de las canciones del año, nos posicionemos a su favor, o no, en lo estrictamente legal.

 

Let ‘Em Talk

Pero no todo son baladas en ‘Rainbow’, de hecho, si hay algo que sorprende a primera vista en su tracklist, son los features: The Dap-Kings Horns, clásicos del funk americano, en la entretenida e irreverente ‘Woman’, Dolly Parton en ‘Old Flames’, clasicona a más no poder, y finalmente Eagles Of Death Metal, la banda de rock que tristemente todos uniremos por siempre a los atentados en Paris en la sala Bataclan.

Los americanos colaboran con Kesha en dos temas, ‘Boogie Feet’, que puede ser una de las que más recuerde, en estructura -que no en producción- a la anterior era de la cantante; y esta ‘Let ‘Em Talk’, que es como si Avril Lavigne estuviera puesta de esteroides. Kesha ha encontrado refugio, no sólo en el country, sino en el rock americano, y se desenvuelve con sorprendente soltura en ambos. Esta corte es una de los más inmediatos, ruidosos y despreocupados del álbum, y redunda en el mensaje de autoestima y desprecio a las relaciones negativas. Pide a gritos un vídeo divertido que lo acompañe y ser lanzado como single lo antes posible.

https://youtu.be/FvIY0n9LjRc

 

Como decimos, ‘Rainbow’ es un nuevo comienzo para Kesha, prácticamente un álbum debut de una nueva artista, que rompe por completo con todo lo anterior. Existe poco pop, como lo entendía la anterior Kesha, en el disco: apenas unos destellos en ‘Hymn’, posiblemente el track más soso del álbum y el que más inadvertido pasa en él tras varias escuchas. La nueva Kesha tiende puentes al country rejuvenecido -la radio-friendly ‘Learn To Let Go’ o la más uptempo ‘Hunt You Down’, una canción por la que Taylor Swift hubiera peleado años atrás, con algún tinte del ‘Not Fair’ de Lily Allen de camino; se maneja bien en las baladas (‘Rainbow’, la canción que titula al álbum, es la más edulcorada de ellas, pero su composición y su mensaje al pasado funcionan) e incluso consigue salvar títulos como ‘Godzilla’, estableciendo una casi cómica comparativa entre un amor incomprendido y el monstruo, llevando el mensaje a una composición de tintes infantiloides.

‘Rainbow’ es el renacer de Kesha: decepcionará a los que buscan clubbing y purpurina en su tracklist, pero ayudará a la cantante a encontrar un nuevo público, y posiblemente será uno que no la deje tirada cuando se presente la siguiente veinteañera con un bombazo. Se ha reconvertido a artista de álbumes, se presenta con un material convincente, e incluso nosotros, que nunca hemos sentido interés excesivo en sus lanzamientos, nos hemos quedado bastante prendados de ‘Rainbow’. Buen trabajo, Kesha.

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