Quevedo está volviendo a arrasar con su nuevo álbum, El baifo, dedicado a sus raíces canarias —aunque realmente mucho más de su estilo usual que el DTMF que muchos pensaron que sería—: además de tener uno de los debuts más fuertes de la era streaming en nuestro país, tiene ahora mismo dos canciones compitiendo por llevarse el #1 de la lista española de singles, La graciosa, junto a Elvis Crespo y Al golpito, junto a las chicas de la orquesta de Nueva Línea. Sí, las de Un beso.
Precisamente ambos acts han sido sus invitados en la actuación de Quevedo en La Revuelta, que podría haber sido un tremendo reventón, pero se ha quedado en una actuación de baile de fin de curso de la clase de tercero B con un medley montado en el Audacity.
La primera parte de la actuación, con El baifo, ha mostrado a Quevedo demasiado dependiente del backing track, demasiado nervioso y demasiado necesitado de algo de atrezzo para animar al teatro. Y mira que La Revuelta se presta a una buena feria, a un cachondeo, a un llenarlo todo de ambientación. Pero nada: la gente se ha animado más con Nueva Línea sumándose a Al golpito, pero mientras ellas actuaban, se conoce que su afinación estaba filtreando con Trancas y Barrancas.
La gente presente en el teatro de Broncano estaba pensando si no habrían preferido un cuarto de hora de Tamara Falcó llamando prostitutas a las mujeres trabajadoras o a Juan del Val diciendo que igual los negros solo están de moda porque combinan con todo. O lo que sea que digan estos días en El Hormiguero.
Elvis Crespo llegó a presentar La graciosa —hasta ese momento la canción más funcional del disco— pero tampoco consiguió mejorar la cosa: Quevedo buscaba alguna interacción, pero él estaba a su pedo con el público, prácticamente se gritó toda la performance porque decidieron que Nueva Línea marcaba el tono de la actuación y ese tono estaba en la escala de Do Re Me Lo Pa So Por El Fo Rro, y ahí seguía estando todo más tibio que un reclamo social de Rosana.
Quevedo pudo demostrar en La Revuelta qué lo ha convertido en una de las mayores estrellas de nuestro país, pero acabó dándole alas a los que no terminan de entender el fenómeno. Lógico y normal.