El 29 de abril de 1945, el cadáver del dictador Benito Mussolini fue colgado en la Piazzale Loreto de Milán junto con los cuerpos de otros fascistas. Allí, tieso como la mojama en un jardín malagueño en pleno mes de julio, fue apaleado por italianos que estaban hasta la punta de la mozzarella de aquel señor.
Y ahora, 81 años después, Mariah Carey ha batido el récord Guinness de ser la persona más tiesa desde aquel cuerpo inerte en la Loreto. No la Valverde, la plaza milanesa. No el filete, la localidad. Mariah Carey apareció en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 tan inmóvil que, por momentos, cabía pensar que habían puesto un Verbatim de fondo en el sistema de audio y un dummy de esos para hacer pruebas de seguridad en la conducción con una muy buena peluca en el centro del escenario.
Si no llega a ser porque parpadeaba cada equis segundos, hubiera pensado que el Madame Tussauds estaba echando de menos una de sus figuras. Mariah Carey interpretó en la ceremonia Nel Blu Dipinto Di Blu, de Domenico Modugno, en un medley junto a Nothing Is Impossible, sacado de su último álbum, Here For It All, que la cantante recordó de pronto haber publicado hace unos meses.
Todo fue en estricto playback —aunque eso suele ser habitual en las ceremonias como esta—, pero también su expresión corporal iba en pregrabado. Ella, con la mirada fija en el teleprompter que le iba chivando la fonética de la parte en italiano, rindió homenaje a Marta Flich presentando Gran Hermano. Ella no estaba ahí para la cámara, estaba ahí para el cue. La letra de su propio tema, al menos, sí que la recordaba. Aunque creo que durante su interpretación llegó a dormírsele el pie izquierdo. Y parte del público allí presente.