Un nuevo año de Melodifestivalen, el Benidorm Fest sueco que no da una dosis de horteradas pop y otra de indiscutibles bangers europeos. A veces incluso ambos factores se dan la mano.

Resumen rápido: durante cada gala una canción tiene pase directo a la final como la más votada, una segunda gracias al voto por puntos durante la gala y una tercera pasa a una repesca que tendrá lugar en la última semifinal. El resto de canciones de cada semifinal quedarán eliminadas.

Así fue la semi de esta semana:

Resultados de la gala

Directos a la final

La primera en recibir el apoyo del público en la segunda semi fue Felicia, que se presentó en el escenario con una rave de esas que no da tiempo a respirar. Solvente en el directo —he chequeado el feed del micrófono—, la cantante apareció con una máscara bastante poco eficaz para pasar después a unas gafas de sol. Le faltaba la botellita de agua para pasar la sequedad de garganta tras el subidón de la parte chunda-chunda que llevaba al Melfest a otro de sus clásicos: los 84 planos por segundo, láseres, coreografía y color-blocking. Para qué arreglar algo que no está roto.

Los segundos en pasar fueron los Brandsta City Släckers, que tiraron de la patochada también marca de la casa: vestidos de bomberos —de ahí viene su nombre—, salieron al escenario con mucha pirotecnia y ganas de poner al público a aplaudir. Cuidado: más allá de la tontuna de la teatralidad, su tema tiene unas vibras One Direction de boyband 2010era a la que tampoco hay que hacerle ascos. That’s what makes them beautiful.

Segunda oportunidad: pase a la 5ª semifinal

Robin Bengtsson canta, actúa y pinta, escribe poemas, todo lo hace bien. Él lo mismo gana este festival con un número pop coreografiado que se presenta a él con un número de cuando a Kylie le dio por irse a Nashville a grabar un álbum de country pop en el que todas las canciones tenían los mismos arreglos. Este arreglo, de hecho.

Robin arranca con la carta de credibilidad de estar rodeado de una banda que finge tocar en directo, pero no tarda en llevarse a los bailarines descamisados al centro del escenario para terminar dándole a los melfestfans lo que los melfestfans quieren. Más o menos, porque se salvó de la quema por los pelos. Los del tupé repeinado.

Descalificadas

Laila Adèle —énfasis en el segundo nombre— se quedó fuera de la final, pero ella cumplió con su propósito: el de servir la fantasía Whitney Houston delante de una arena repleta. Replicó los manierismos, la percusión de sus clásicos, el look y solo le faltó colgarse un pañuelo de la mano para secarse el sudor de la frente. Lástima que Oxygen no era exactamente I Have Nothing y no se sostenía con el simple reclamo de un directo espléndido.

Klara Almström apostó por el dream pop rodeada de telas lilas en ese universo en el que alguien parece estar cantando en su habitación con un cepillo de pelo en la mano. La ternura y delicadeza de la canción se quedaron cortas a falta de un gancho evidente en algún punto del tema, y con esto tratándose de llegar a la primera, Klara se quedó fuera sin opciones.

El guantazo de la noche se lo llevó Arwin, con toda claridad, porque el artista pisó ese escenario como sabiéndose el ganador de la semifinal. Y oye, acudía a ella con todas las herramientas para ganar: una canción pegadiza, facilona, una presentación retro-brunomarsesca, el toque colorista que el Melfest siempre agradece y mucho espíritu tiktokero. Los más jóvenes lo apoyaron notablemente, pero los mayores pasaron del tema y la media no le dio.

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