Un nuevo año de Melodifestivalen, el Benidorm Fest sueco que no da una dosis de horteradas pop y otra de indiscutibles bangers europeos. A veces incluso ambos factores se dan la mano.

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Resumen rápido: durante cada gala una canción tiene pase directo a la final como la más votada, una segunda gracias al voto por puntos durante la gala y una tercera pasa a una repesca que tendrá lugar en la última semifinal. El resto de canciones de cada semifinal quedarán eliminadas.

Así fue la semi de esta semana:

Resultados de la gala

Directos a la final

El problema con los chistes en este tipo de certámenes es que uno hace gracia, pero si aparece un segundo repitiendo esquemas ya no lo hace tanto y cuando uno ve pasar a 146 tíos —porque siempre son ellos, curiosamente— repitiendo las mismas monigotadas y ritmos acaba exasperado. Entiendo que el voto de “dejadme ser divertida” llevó Delulu a la final como la canción más votada, pero chico, me resulta recrearse un poco en el mismo chiste. A estas alturas, lo pegadizo no compensa el hastío.

En cualquier caso, el chiste se extendió también a la segunda seleccionada como finalista, porque el numerito eurodance de Sanna Nielsen no había cómo comprarlo: una canción tan demodé que parecía votada por el público más eurofán salido de España, una puesta en escena soporífera que tiraba de los mayores clichés posibles y una ejecución vocal… discutible. Y no será porque este año el Melodi no esté peleando porque apenas escuchemos la voz de sus artistas.

Segunda oportunidad: pase a la 6ª semifinal

Las cosas así, el petardeo K-pop de Alexa, bastante más modernito que el de sus competidores en la zona alta de las votaciones, se conformó con pasar a la semi de salvación. La artista entregó su mejor Blackpink sobre el escenario: coreografía súper medida, outfit dreamy que parece sacado de alguna convención de cómics y un drop en el estribillo que justifica la ausencia de estribillo real.

La verdad, que los otros dos temas se impusieran a esto me parece que dice mucho del nivel general del Festival este año.

Descalificadas

Seguimos con los despropósitos de la última gala: también fuera, el número de pop-rock solvente de Vilhelm Buchaus, que sí, hubiera agradecido unos estribillos mejor afinados, pero era también mejor apuesta que las dos canciones que fueron elegidas directamente. Una puesta en escena sobria que debía haberse fijado con una voz más rotunda de la que tuvo, pero que no merecía quedar detrás de las finalistas.

En la gala de esta semana o se divertían los que iban pedo o se divertían los indies: y ganaron los primeros. Los segundos vieron cómo se dejaba fuera la propuesta pegadiza de los Juliett, confirmando que este año el sueco tiene menos suerte que Isa P en sus relaciones familiares.

La última batalla perdida fue la de Bladë, que presentó una canción que pedía: a) que la puesta en escena tuviera una mayor concordancia con lo que estábamos escuchando o b) que ese tema terminara de explotar en algún momento y no quedase en ese medio tiempo lineal que ni chicha ni limoná. No cumplió y se terminó quedando fuera. Posiblemente la única de las eliminadas que lo mereció esta semana.

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