La tercera semana del Melodifestivalen nos deja un par de propuestas factiblemente eurovisivas, el turno de la señora sueca que siempre alegra el cotarro y algunos concursantes incluso más desubicados que ella. Así hemos visto las actuaciones.

Resultados de la gala


Directos a la final


La tercera gala la lideró Jacqline con una bomba pop de intenciones muy dosmileras aunque también heredera del ‘Future Nostalgia’ de Dua Lipa. La muchacha descendía de una plataforma en el aire que condenaba un poco la estética del número porque su agarre en la parte superior -una cuerda de tela- se veía continuamente en plano. Después sufrió algún mal tiro de cámara e incluso la aparición de un técnico por el fondo mientras ella seguía con su coreografía aesthetic y su estribillo pop-chic adelante. Es una propuesta agradabilísima, pero necesita más refinamiento que la protagonista de ‘My Fair Lady’.

Lo de Cazzi Opeia, por su lado, fue todo un tema. Se presenta con una canción bastante estupenda, un pop facilón en clave melodrama, muy bien construido, a medio camino entre los Pet Shop Boys, Sia y la Kylie más camp. Pero después lo presenta con un show tan infantil, también tan Sia, tan Melanie Martinez, que nos genera un poco más de rechazo. No digerimos más este tipo de artistas que uno nunca sabe muy bien si ha escapado de una guardería o de un psiquiátrico, si están haciendo un espectáculo pop o el último capítulo de los Muppets.

Segunda oportunidad: pase a la repesca


Klaudy tendrá una segunda oportunidad con ‘För Dig’, una de esas canciones que suenan monas, con arreglos tradicionales curiosos dentro de una melodía pop, pero que se ha presentado de la peor manera posible. Hay que saber qué se está cantando y cómo cantarlo. Porque si va uno a presentarse en una suerte de campo de trigo y va a ser el trigo quien intente contextualizar el sonido porque el cantante no sabe hacer otra cosa que dar botecitos nerviosos a lo Post Malone mientras se agarra el pecho, pues vamos dados.

Gunilla es siempre nombre de desubicada. Es imposible llamarse Gunilla y saber cuál es el centro de gravedad de una. Y por supuesto, en el caso sueco la estadística no falló y ahí se presentó una mujer magnífica, emperrada en ir completamente fuera de tempo, cantando en la escala de Do Re Me La Pe La y rodeada de cowboys pa una canción digna de presentarse en el desierto de Almería. Absolutamente a favor de que este derroche de absurdísmo camp pasara a la repesca.

Descalificadas


Clara Klingenström quiso apostar por el himno que te entona un bar al completo cuando la cuarta ronda de bebidas ya ha sido pagada, pero quedó sepultada entre tanto espíritu celebracionista. La gente antepuso el colorinchi y la diversión a los flecos voladores de la pobre Clara, que algún día acabará ganando este Festival aunque fuese por descarte. Lo importante es no perder la esperanza. Ni en ventilador.

A Kim Cesarion se le fue la mano con la oscuridad en el escenario, porque lo cierto es que planteada de otra forma, con algún efecto láser, con un punto verde de club en mitad de la noche, ‘Take my Breath Away’ hubiera tenido mucha más salida. Ahora bien, para quedar última tampoco estaba, amigos suecos: que esto os lo canta uno con tupé y chaquetita rosa de cuero y gana el televoto. Que ya nos conocemos. En su favor diremos que la votación quedó igualadísima: la diferencia entre el segundo y último puesto en la primera semifinal fue de 43 puntos, mientras que ayer fue de apenas 14.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies