Rosana ha presentado el primer capítulo de su docuserie para Prime Video en Madrid y Lanzarote. Mejor vivir sin miedo es una serie de tres capítulos en los que la artista promete haber creado un documental con la intención de inspirar, pero… ¿es lo que termina consiguiendo?

El primero de los capítulos de Mejor vivir sin miedo es un repaso a la primera parte de su carrera discográfica, entre la publicación de los álbumes Lunas rotas y Marca registrada. La cantante asegura al inicio de la emisión no haber querido un documental que saque pecho de sus logros, pero es esencialmente lo que hace: se enfatiza mucho el impacto mediático, comercial y popular de sus primeros trabajos. Rosana saca pecho, con motivo, pues su desembarco artístico fue toda una sacudida en la industria de nuestro país. De hecho, fue una de las caras visibles del pop de la España ilusionada del 96-04, donde conocimos rostros como el de ella, Melendi, La Oreja, Estopa

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Y esa ilusión es el hilo conductor de toda la carrera y personalidad de Rosana, al tiempo que se convierte también en la piedra en su camino en el documental. Rosana se muestra encantadora, está simpática, divertida, cercana… De primeras, sale tan bien parada como históricamente ha salido de cualquier ronda de promo. ¿Existe alguien que tenga una opinión negativa sobre la artista? Existe una opinión general sobre ella de que es el paradigma de la next-door-popstar, alguien con un indiscutible talento para la música pero que podía haber sido tu vecina, amiga o compañera de trabajo. Alguien que siempre te resulta cercano a pesar de su inmenso éxito.

Pero como digo, ese mismo perfil pop de la España ilusionada, pasados treinta años de su nacimiento, se ha quedado extremadamente tibio en mensaje. Rosana celebra el cariño de la gente, el que da y el que recibe; Rosana se rodea de los suyos —tanto en cercanía como en admiración— y busca la emoción del mensaje del amor. Pero ese mensaje llega sin matices, en una lucha contra el odio que no pone nombres, que no especifica, que no se marca objetivos claros, que busca todo lo mismo que un mensaje tipo “el amor es amor”. Rosana culminó la emisión del primer capítulo del documental con un videoclip en el que todo el mundo portaba banderas blancas. Muy estéticas, muy bonitas… pero efectivamente, vacías.

Rosana es la revolución de la España que no esperaba necesitar revolucionarse, es el cariño fácil, el de las relaciones donde nadie rasca de más para no molestar. Rosana es la cena de Navidad en la que todo el mundo ríe porque nadie habla de otra cosa que no sea el estar juntos y brindar por la vida. Aunque se esté yendo al garete, se sigue buscando que continúe a flote de algún modo. Aunque no se sabe cuál.

Mejor vivir sin miedo muestra el éxito de la artista y plantea a qué ha dedicado los últimos años en los que no ha publicado un nuevo álbum ni se ha ido de gira. La cantante lo hará pronto, porque se irá de gira para celebrar sus treinta años en activo. Además ha montado un proyecto relacionado con la depresión infantil y la salud mental de los más pequeños que, parece ser, se detallará en los capítulos dos y tres de la serie.

“Esto no es un documental, es una trampa”, aseguraba Rosana desde el escenario después de que el público vitoreara al final de la primera parte. Y ella los instaba a ver los siguientes episodios al tiempo de que, igual que antes, incurría en una incoherencia: habló de la ausencia de marketing mientras generaba hype para Prime Video y anunciaba una gira con una proyección gigante con las fechas —de pago— anunciadas en el cartel.

Rosana llegó a nuestra industria como un gran rayo de luz de voz aterciopelada, composiciones directas y emocionantes y la promesa de que el talento puede vencer a proyectos sobreplanteados. Después, encadenada ya al funcionamiento de la industria, ha caído en parte de sus trampas y juegos, por mucho que haya puesto empeño en huir de ellos.

El suyo sigue siendo un perfil necesario en el panorama actual: desborda positividad, tiene un tono esperanzador y a través de su nuevo proyecto —OMOW (Otro Mundo, Our World)— sigue buscando cambiar las cosas. Si tan solo se diera cuenta de que este momento exige ser más contundente… durante su presentación de ayer, el muchacho que se encargó de dirigir la emisión resultó más crítico con ciertas políticas de lo que fue ella.

Efectivamente, mejor vivir sin miedo. Pero en 2026, los de Rosana quedan un poco a la vista. Ella pertenece a esa generación de artistas que ni frío ni calor, ni blanco ni negro, ni esto ni aquello, porque en un posible bofetón al ideario de parte de su público teme perderlo en adelante.

Habiendo perdido el miedo a celebrar sus logros —que lo son también del público que la apoyó y apoya—, el miedo a posicionarse, el miedo a dejarse ver más allá de la sonrisa fácil y el miedo al compromiso, Rosana brillaría como una luna nueva que aún tiene mucho camino en el que seguir deslumbrando.

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