Los americanos tienen la barrera de la moral de aquella manera, porque en Estados Hundidos sabemos que la ética la dirige, como casi todo, el fentanilo. De modo que los promotores de conciertos no tienen ningún problema con un señor que tiene temas titulados Heil Hitler, no tienen problema alguno con que maltratadores confesos o delincuentes condenados tengan una plataforma, pero Dios libre a nadie de llamar a Israel estado genocida encima de un escenario. Como siempre, esto es una cuestión política, no religiosa. El antisemitismo no se aplica porque nadie está criticando a los judíos, sino a un estado terrorista.
Y con esto llegamos a los conciertos que Ed Sheeran está dando en el país dentro de la gira Loop. Macklemore es el telonero en algunos de ellos y, tras varios conciertos, la liebre de que incluía el mensaje pro-Palestina Free Palestine durante su espectáculo saltaba gracias a una queja de P!nk. Sí, la misma P!nk misógina que se pasó unos años insultando a sus compañeras porque las consideraba tontas por hacer pop y la misma P!nk que se apropió de la cultura negra al principio de su carrera para después cargarle el muerto de esa decisión a L.A. Reid, también negro. P!nk, que llevaba años con trenzas en el pelo haciendo hip-hop por garitos antes de que nadie la contratara. Pues bien, esa misma P!nk se quejó del mensaje político de Macklemore porque ella era judía. Una vez más, nos suda a todos los ovarios a qué Dios le reces, P!nk. Con que no en base a eso no asesines a miles de niños nos vale. A ver si lo entiende mejor, porque a ver si al final resulta que la Stupid Girl aquella era ella. En fin, P!nk. Piensa en inglés.
Vuelvo al hilo, que me pierde la mala leche. P!nk se quejó en redes y la polémica se hizo viral. En cuestión de horas, las cosas se fueron completamente de madre y Ed Sheeran y su productora acabarían despidiendo a Macklemore del tour. Ed Sheeran, que es amigo de Macklemore desde hace década y media. Y su despido abrió la veda para que el rapero contara las cosas con pelos y señales, para que el británico no quedara exento de culpa:
“No sé muy bien cómo empezar esto. Así que voy a hablar desde el corazón y a contar la verdad. Ed Sheeran y su equipo han tomado la decisión de apartarme de la gira The Loop.
Pero antes de entrar en ello, quiero decir algo que debería ser obvio. En este momento creo que es importante. Yo no soy una víctima. Ed Sheeran no es una víctima. Pink no es una víctima. Tenemos carreras, dinero, oportunidades, seguridad y público en todo el mundo. Sean cuales sean las consecuencias que cualquiera de nosotros afronte por lo que dice, nosotros podemos volver a casa con nuestras familias.
Las víctimas son el pueblo palestino. Los hombres, mujeres y niños que han sido asesinados, sometidos al hambre, desplazados y obligados a vivir una violencia inimaginable. Más de 20.000 niños han sido asesinados solo en Gaza. Hoy están matando a gente, y mañana seguirán matando a gente. Quiero asegurarme de que, mientras cuento esta historia, no perdamos eso de vista.
Ed es mi amigo. Lo conozco desde hace 13 años. Hemos compartido noches hasta tarde, sesiones de estudio y escenarios. Tiene una magia contagiosa que he llegado a querer. Lo considero un hermano. Y precisamente por eso hemos tenido algunas conversaciones difíciles durante esta última semana. El tipo de conversaciones que nacen del amor y del respeto mutuo y que, aun así, terminan en un punto de desacuerdo fundamental. Nada de lo que escribo aquí nace del rencor ni de un deseo de destruir su reputación. Pero, como le dije a Ed varias veces por teléfono, nuestra amistad no puede cambiar mi responsabilidad de contar la verdad sobre lo que ocurrió.
El lunes pasado, en medio de toda la atención mediática en torno a Pink y a lo que dije en MetLife, Ed me contó que Robert Kraft lo había llamado. Teníamos previsto actuar en el Gillette Stadium a finales de este mes, un estadio propiedad de Kraft Group. Ed me dijo que Kraft le había dicho que no se me permitiría actuar en su estadio. Ed también me contó que Kraft había movilizado a algunos de los otros propietarios de estadios y que, entre todos, le dieron un ultimátum: si Macklemore continúa en la gira, no se os permitirá actuar en nuestros recintos.
Ed estaba en una situación jodida. Lo sabía. Su habitual postura apolítica estaba siendo puesta a prueba de una manera que nunca había ocurrido antes. Me dijo que las palabras «Palestina libre» y la imagen de la bandera palestina resultaban hirientes para muchas de las personas con las que había hablado. Yo le dije que, si esas palabras resultaban más ofensivas que el asesinato por parte de Israel de decenas de miles de niños palestinos, entonces existía una desconexión fundamental entre la postura de esas personas y la mía. Pero él no conseguía ir más allá de su postura pública de «yo no tomo partido».
Y entiendo por qué la gente no lo hace. Tomar partido puede salirte caro. Dinero, acuerdos con marcas, patrocinios, festivales, conciertos privados, relaciones y acceso. Yo he perdido todas esas cosas. Pero no existe una posición neutral entre el opresor y el oprimido. Cuando uno de los bandos tiene las bombas y un apoyo financiero y militar prácticamente ilimitado por parte de Estados Unidos, negarse a tomar partido no te deja en medio.
Lo que dije en MetLife llevo casi tres años diciéndolo en escenarios de todo el mundo. Entonces, ¿por qué ahora se ha convertido en un problema? Porque ahora comparto escenario con uno de los artistas más grandes del mundo, en algunos de los estadios más grandes de Estados Unidos. A cierto nivel de exposición, «Palestina libre» se convierte en un riesgo demasiado grande. Si yo seguía haciendo los conciertos, diciendo «Palestina libre», con Ed apoyándolo implícitamente, con el público respondiendo con fuerza y mostrando un apoyo innegable a la liberación palestina, ¿qué artista podría ser el siguiente en alzar la voz? El escenario se convierte en resistencia. Quizá por eso esta vez se volvió tan importante silenciarme.
Y una de las formas más eficaces de imponer ese silencio ha sido utilizar como arma la acusación de antisemitismo. El antisemitismo es real. Y precisamente por eso esa palabra importa demasiado como para utilizarla como escudo frente a las críticas al Estado de Israel. Cuando criticar a Israel, oponerse al sionismo o decir «Palestina libre» se equipara al odio hacia el pueblo judío, eso no protege al pueblo judío. Protege a Israel de rendir cuentas.
Espero que esto no suponga el final de mi relación con Ed. Trece años de amistad no desaparecen por un desacuerdo doloroso. Espero que ambos sigamos escuchando, estudiando lo que está ocurriendo en Palestina y planteándonos qué significa la neutralidad en un momento como este. Mi puerta siempre estará abierta para continuar esa conversación.
(…)
No necesitaba diez conciertos de Ed. Necesitaba dos. Dos oportunidades de plantarme delante de 90.000 personas y pronunciar las palabras que, de algún modo, se habían vuelto demasiado peligrosas para decir: Palestina libre. Pero si esas palabras me cuestan el escenario y, al mismo tiempo, hacen que la conversación vuelva a centrarse en Palestina, entonces ha sido la gira más exitosa en la que he participado jamás.”
Ante esto, Ed tardaba un día entero en redactar su propio comunicado. Y en un acto de brutal patetismo, Sheeran se justificaba utilizando el discurso más genérico y más Rosana posible: el del amor, la unidad y la fraternidad. El apoyo a nada. El respaldo a absolutamente nadie. El “mi concierto es un lugar seguro para todos, podéis venir negros, nazis, personas trans y J.K. Rowling y corear Thinking Out Loud en un abrazo fraternal con banderas blancas”.
Un patetismo, el de Sheeran, que lo lleva a hablar del problema como si no tuviera una solución. De no poder él bajarse de esos shows censurados porque claro, tiene un equipo al que dar de comer. Ay, pobre Ed, no puede renunciar a esos conciertos en Estados Unidos porque su gira de 374 shows en estadios mundiales se tambalearía. Este es el ridículo que ha compartido en redes sociales:
“Estoy consternado por el conflicto entre Israel y Palestina. El sufrimiento y el dolor causados en ambos lados son una tragedia humana. Hay demasiadas guerras en todo el mundo provocando un dolor inconmensurable, y ninguna de ellas debería ser tolerada.
Macklemore me pidió incorporarse a mi gira el año pasado y acepté porque lo respeto como artista. Como hago con todos los artistas que actúan como teloneros en mis giras, acepto que interpreten el repertorio que ellos mismos elijan.
Después de las actuaciones de Macklemore en mis conciertos de Nueva Jersey, algunos de los recintos de las próximas fechas de mi gira comunicaron que cancelarían los conciertos si él seguía actuando como telonero. Se me informó de que esta postura se debía a la manera en que Macklemore transmitió parte de su mensaje durante su actuación, más que al contenido de todo lo que dijo. Estuve hablando largo y tendido con los responsables de esos recintos durante toda la semana para intentar tender puentes. Una de esas personas fue Robert Kraft. También participé en conversaciones directas con los promotores, junto con activistas de ambos lados, para intentar encontrar una solución común para todos, pero la decisión de los recintos y del promotor fue definitiva.
Que Macklemore dejara la gira fue una decisión del promotor, no mía. El contrato de Macklemore para la gira era con el promotor, no conmigo. Jamás decepcionaría a los fans que ya habían hecho planes, ni abandonaría al equipo de la gira ni a los demás teloneros y músicos que dependen de mí para trabajar y ganarse la vida.
Siempre he utilizado mi plataforma y mi música para unir a personas de todos los orígenes y culturas, y eso nunca va a cambiar. Quienes hayan asistido a alguno de mis conciertos sabrán que se basan en la unidad, la alegría, la evasión, el amor y en ofrecer un lugar donde todo el mundo pueda sentirse bienvenido.
No soy cómplice. Tengo mis propias opiniones personales sobre este devastador conflicto. Que decida no expresarlas públicamente no significa que no las tenga, ni que no me importe. Tampoco significa que no apoye determinadas causas a mi manera, de forma personal.
Hay una razón por la que no utilizo mi plataforma profesional para hacer política: entre mi público hay gente joven, a menudo niños, de todo tipo de orígenes. Quienes vienen a mis conciertos no esperan encontrarse con un foro político. Respeto la firmeza y la determinación de Macklemore para alzarse y gritar aquello en lo que cree. Sin embargo, existen distintos caminos para llegar al mismo objetivo: la paz. Yo elijo utilizar mi fama y mi plataforma para crear un espacio de seguridad y refugio, mantener la diplomacia y conservar abiertas las conversaciones, no cerrarlas. Si nos limitamos a centrarnos en quién grita más fuerte, nunca cambiará nada. Hay distintas maneras de defender y promover el cambio.
He pasado esta semana intentando tender puentes y encontrar una solución y, por desgracia, no he podido conseguirlo. Sé quién soy, tanto como persona como artista, y quienes conocen mi corazón conocen también mis valores.”