El octavo álbum de estudio de Soraya nace, cuenta ella, de su “necesidad de salir a flote tras perder el bebé que esperaba” hace algo más de dos años. Ilúmina trata de aferrarse a la música de baile para salir del agujero y conseguir levantar cabeza en medio del desorden emocional. Y con sus más y sus menos, Soraya deja clara su intención a lo largo del tracklist del disco.
Si algo no se le puede discutir a Soraya es su capacidad para el trabajo. Y su convicción respecto a lo que hace. Y hay veces que ese convencimiento de su propuesta se termina contagiando al público oyente. En Ilúmina suena la flauta. Porque la Soraya que sabe coger las riendas del EDM sigue siendo, 21 años después de darse a conocer en OT, la mejor de las Sorayas.
Dice en el trance de Soy Real “soy real, no escondo nada” y razón lleva: Soraya es transparente como un papel cebolla. Se deja ver, en sus aciertos y equívocos. En sus altos y bajos. En sus excesos y defectos. Es precisamente por eso que seguimos algo pendientes de con qué va a salir. En los tres primeros tracks del disco, compuestos de seguido y unidos en una pista non-stop (una estrategia que hubiera sido perfecto continuar a lo largo de todo el álbum), Soraya se entrega al voguing camp en Iconismo —que tiene una producción fenomenal y una letra entre lo divertido y la comedia involuntaria (“cuando algo es tan icónico roza lo erótico”, “ser vanguardista, catwalk en la pista”)—, ofrece sinceridad bakaluti en Soy Real y define el punto del disco en la canción que le da título.
Ilúmina centra el mensaje que Soraya busca en todo el trabajo: la luz al final del túnel. El momento de recuperar la fuerza, de buscar el punto de esperanza y luminosidad. El mensaje de superación queda curiosamente al inicio del disco, cuando hubiera sido la puntilla perfecta al final del mismo, justo después de que Soraya ejecute Placebo, un tema en el que habla de la gente que se presenta en su vida como para dar algo, pero termina por no darlo. Esa decepción culminando en un mensaje positivo y de superación hubiera sido la guinda en clave subidón de todo el proyecto.
Ilúmina es un disco donde Soraya funciona mejor en español que en inglés: Fénix es su mejor single en bastante tiempo, con ese hardcore ultra a saco con letra clara, estructura concisa y el punto de distorsión vocal que haría mover el culo al fan promedio de Belén Aguilera que busca un banger e ¿Y Qué? es un downtempo luminoso y esperanzador que funciona muy bien a mitad de camino.
La Soraya EDM oscura, fría, que va buscando una salida entre el beat híper marcado y las melodías melancólicas, también da en la diana en algunos temas en inglés: Heaven Knows es un simpático corte eurodance noventero, pegadizo y conciso; I Can’t Say No es un himno a la entrega casi por inercia que abraza bien los momentos más siniestros de Ilúmina y Sundance es un guiño al pop 2010ero que explica el refugio que para ella suponen los ritmos de club.
Después está Earthquake, mejor interludio que tema completo: Dance Or Die, que tira de temas un tanto cliché gagaesco y es de lo más manido del tracklist o You Will Shine, de esos temas para darlo todo en el salón de casa una tarde tonta de tarrina de helado y mal rato.
Soraya se ha marcado un ejercicio de superación en Ilúmina, un álbum que convence como disco de Soraya y da a su público exactamente lo que demanda. Tiene claro el punto de vista, la narración y el objetivo. Y considerando que hace un par de años hablábamos de que el álbum de Soraya podía tener una vertiente latina y otra EDM —llegó a decirse que se llamaría ‘2MND2‘—, queda claro el upgrade que ha vivido su contenido.
Soraya está en su prime cuando la vemos Sorayear. Ella misma es su arcoíris tras la tormenta.
Temas clave: Fénix, Heaven Knows, Soy Real