La verdad es que si nos preguntáis cuál es el género que hace Samuraï, diríamos que es la versión musical de Sam Smith. No es binario. No está definido. Hoy parece más esto, mañana lo otro. De pronto está en un drum&bass, como de pronto crees que tienes a Angy de fondo en Spotify, como de pronto estás moviendo el culo con algo que podría haber producido Max Martin. Diminutivo de Máximo Martínez, un muchacho de Escudilla Del Panadés que hace música pop. Es diversa, toca palos. Tantos que podría montar con ellos una txalaparta. Si no sabéis lo que es eso, es que vivís muy al sur del país o estáis poco puestos en folclore.

Y la Samuraï que toca hoy es la tierna. La amiga que aparece en una fiesta con una guitarra y hacer que todos cambien de mood de la cena de risas a estar con las tarrinas del Ben & Jerrys tratando de superar una ruptura. “Si es que yo lo sabía, tía, pero me dejé llevar, estaba cómoda” se escucha decir a una de vosotras, rimmel en pómulo, mientras siempre hay alguien en una esquina dando sorbos a una bebida alcohólica con maracuyá pensando “¿esta chica quién era? ¿era amiga de Isa o se ha colado en la cena? Espero que haya puesto bote, por lo menos”.

Samuraï, como un técnico de Yoigo, nos toca la fibra en ‘Palabra Prohibida‘. Se comporta como el Voldemort de las relaciones amorosas, aquella que no debe ser nombrada, aquella que estuvo pero ya no está. Cecilia Puig Baró en Stella Maris. La Spice Girl de turno que decide no volver a la banda y a la que dedican siempre ‘Viva Forever’. Esa es Samuraï en ‘Palabra Prohibida‘.

Una canción de cantautora que, Dios sabe por qué, en su sencillez encuentra siempre la forma de sonar cool. Lo que si hace Conchita automáticamente te abre un plan de pensiones, si lo hace Zahara te encuentras bailándolo en sostén frente al espejo del baño y si lo hace Belén Aguilera se lo estás contando al psiquiatra con un bote de pastillas en la mano. En el caso de Samuraï, ‘Palabra Prohibida’ es la canción a entonar mientras estás triste, pero lo suficientemente empoderada como para hacerte el eyeliner perfecto y mandarlo todo a la mierda.


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Será tu rollo si: te apetece estar triste, pero menos de tres minutos; te pasas la vida dando vueltas por casa repitiendo un matra tipo “lo he superado”, te bajaste la app de RTVEPlay por sus documentales.

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