El pasado fin de semana se celebraba la final de la Champions League, enfrentando a dos equipos de fútbol que por favor os pido no nos hagáis mirar en Google cuáles eran. Uno era el Madrid porque el Twitter lo leemos. El otro, en nuestra mente, era el Sporting De Genovia. El caso es que ganó el Madrid, la gente salió a las calles a celebrarlo y quemar contenedores a grito de «lo, lo, lo, lo, lo, lo» -no precisamente cantando una versión disléxica de ‘Spice Up Your Life’– y el resto pues ya es historia.

Y en medio de esta historia, Queen CaCa tuvo que salir al escenario a fingir que la final de la Champions es la Super Bowl europea. Pista: no lo es. Y a la pobre Camila le tocó descubrirlo en vivo y en directo. Se presentó allí con un show colorista, correcto, bien cantado pero bastante menos espectacular en cámara de lo que a Pepsi le hubiera gustado, donde sonaron ‘Señorita’, ‘Havana’, Bam Bam’ y ‘Don’t Go Yet’. Sonaron, decimos, gracias a que los técnicos de sonido estaban llevando los máximos de volumen a un nuevo techo para conseguir acallar a los allí presentes.

Porque en cada silencio de la actuación de CaCa, por breve que fuera, se escuchaba al público coreando sus historias. Aparentemente los himnos de sus equipos. Y no precisamente de forma discreta no, que en el inicio de ‘Don’t Go Yet‘ casi se les escucha más a ellos que a la intérprete del tema. Así que no ha sido extraño que Camila, una vez en el hotel con su pijamita y su jengibre, se cabreara a través de Twitter al revisionar su actuación:

«Volviendo a ver nuestra actuación, no puedo creer que el público estuviera gritando los himnos de sus equipos tan alto durante la misma. Es que mi equipo y yo hemos trabajado hasta el agotamiento para ofrecer un buen show con las vibras adecuadas.»

Y es que, de nuevo: esto no es la Super Bowl. No existe una tradición por lo musical en el fútbol -es más, suele ser un público al que se la suda notablemente- y lo que es más importante: Camila Cabello no era en absoluto target del público allí presente. Ponemos la mano en el fuego a que al 85% de las gradas les sonaba ‘Havana’ y pensaban que era de Jennifer Lopez, nombre en clave que le ponen a cualquier artista latina que no sepan muy bien cuál es.

Ojo: no estamos justificando la actitud del público. Porque una cosa es sudar del show porque no te queda ni mínimamente cerca -aquella vez que Virginia Maestro iba a ser telonera de Beyoncé, por ejemplo- y otra muy diferente es tener los niveles de respeto tan por los suelos que te pongas a berrear un himno de tal forma que ni la música se escuche. Porque eso ya no son gustos, eso ya es la educación que brillaba por su ausencia. ¿En un partido de fútbol? Oh, sorpresa. 

Eso sí, Camila Cabello recogía cable pronto en redes, eliminando el mensaje original de enfado y pasando a celebrar el momento, asegurando que se lo pasó bien también viéndola de nuevo -vamos, era una fiesta aquello en su habitación-:

«Crecí viendo fútbol con mi familia y la energía allí era tan eléctrica que lo disfruté mucho incluso viéndolo después. Muchas gracias a mi equipo, los bailarines y los músicos y creativos que trabajaron tan duro en este show.»

Vamos a verlo desde un punto positivo: al menos no le tiraron sillas al campo. Démosles unos tres o cuatro años para llegar a eso.

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