Ese hombre que veis en la imagen principal, por mucho que pudiera sorprenderos, no es Serafín Zubiri de rave. Es Abraham Mateo. Que si estáis un poco puestos -de mostrar interés, no de pasar la tarde en un parque con Pol Granch– sabréis que está viviendo un revival en España gracias a ‘Quiero Decirte’, junto a Ana Mena. La canción sobrepasa ya los 10 millones en Spotify y ha conseguido el beneplácito de las radios patrias, algo bastante menos habitual para el artista.

Lejos quedan ya los años de su estrellato infantil y Abraham va dando pasitos para conseguir esa misma aceptación como adulto. Lo que pasa es que al artista le ocurre un poco como a Mariah Carey en su treintena: que cada paso de credibilidad que da va a acompañado de otro en plan «dejadme ser divertida» que le complica el camino. Por ejemplo, cuando después de la era ‘Emancipation‘ volvió con ‘Touch My Body’ haciendo la mamarracha. Pues sí, muy bop y muy divertido, pero hija, la carta de la credibilidad de vuelta a la baraja.

Pues aplíquese a lo de Abraham Mateo. Nos publica un funky -inspirado en ‘Tiroteo‘ y ‘Todo De Ti’, de acuerdo, pero súper eficaz igualmente- que nos acabamos metiendo por el gaznate, y ¡pumba! de pronto está haciendo la absurda versionando a Luis Miguel.

Que el problema no es la elección de canción en sí, ‘Ahora Te Puedes Marchar’, el clásico del mexicano que Dusty Springfield tuvo la osadía de plagiarle décadas antes. La canción… pues aceptamos pulpo. Queda horterita en español, pero cosas peores hemos versionado en este país y en México. Ahora bien, si encima acompañamos el cover de una producción tipo Onda Vaselina o Bom Bom Chip… pues ahí sí que la cosa se pone difícil.

Y es que en este empeño por el «dejadme ser divertida» de Abraham Mateo, se nos queda una versión ya hortera con una producción entre lo hortera y lo cutrecito que, para colmo de males, el muchacho se toma medio en serio en el vídeo oficial, donde acaba ejerciendo a ratos de Carlton, el primo de Will Smith en ‘El Príncipe De Bel Air’, y a ratos de Maluma, con el aire de galán chulesco millennial.

Si al menos hubiera mantenido todo el rato la pose del primero, entenderíamos que todo tiene más punto de humor del que se le acaba viendo. Que a ver, muy para tomarse esto en serio tampoco es.

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