Si me sientas en una mesa con un café y me dices: “el nuevo proyecto de St. Pedro va a dar arranque versionando a Álex Ubago“, en ese momento recojo mis cosas, levanto una ceja y, alzando mi móvil al aire, respondería: “sabrás de mí a través de mis abogados”. Incluso sin tener abogados, porque ¿con qué sueldo iba yo a poder pagar los gastos generados por Teresa Bueyes?
Y sin embargo, aquí estoy, comiéndome mis palabras —o mis pensamientos, más bien, porque verbalizarlo no llegué a verbalizarlo nunca— como si fueran un platito de aceitunas bien aderezado. Y creedme, estoy disfrutando de comérmelas una a una como quien disfruta del mejor aperitivo.
En papel, la idea de presentar un segundo disco con Sin miedo a nada —sans Emeie— como lead me parece terrible. Pero si uno es capaz de hacerme cambiar de opinión con un cover, es que tiene un talento digno de estudio. Y claramente es el caso de St. Pedro, porque ha conseguido transformar la canción en una propuesta completamente suya, creíble, elegante, que apela a la nostalgia pero no se queda naufragando en ella como si fuera Rose DeWitt Bukater soplando un silbato.
St. Pedro ha añadido versos inéditos, ha transformado la instrumentación hacia el merengue y, sobre todo —y esencial para que este tipo de cosas funcionen—, se ha creído la canción original y la ha vendido como propia. Tanto es así que ha perdido lo cursi y se ha volcado en lo SECSI. Nunca un “me muero por abrir todas tus puertas” sonó tan pornográfico. Claro, tú imagínate ahora al pobre Álex Ubago escribiendo ese verso originalmente en su libretita; estaba a otra cosa.
Sin miedo a nada es el primer adelanto de Cancionero, un álbum que St. Pedro prepara con las canciones de los 2000 y 2010 que más le han marcado, pero llevándolas a su rollo salsero y de merengue. Este primer corte, contra todo pronóstico, me ha abierto el apetito de lo que está por venir. Y espero que siga resultando así de imprevisible.
Será tu rollo si: estás listo para probar sabores nuevo, pero sin arriesgar demasiado; usas el palo de fregona a modo de micrófono de pie; sigues buscando la vuelta de la OTI.