Papá Levante fueron, al mismo tiempo, un producto demasiado atrasado a su tiempo y adelantado a él. Eran capaces de estar mezclando elementos del dance o el hip-hop con melodías clásicas del folclore andaluz —hola, 2020s— pero a la vez hablando de temas sentimentales como auténticas señoras escandalizadas en la plaza de un pueblo malagueño en 1954. Nunca tuve claro si estaban bien o estaban mal. ¿Era Comunicando un número R&B bien tirado y entretenido? ¿Era Me pongo colorada demasiado Cine de Barrio? ¿Era Gorda un buen alegato contra la bulimia o se pasaba de rosca en el camp?
La corta vida de Papá Levante —álbum y medio de éxito y una desaparición un poco por la puerta de atrás— nos dejó con la duda de hacia dónde avanzaría el proyecto si se le hubiera dado algo más de margen, considerando que en su segunda etapa tenían el ojo puesto más en Las Niñas que en Isabel Pantoja. Puede que el anuncio de su comeback de cara a 2026 nos permita ver algo nuevo de ellas.
Y es que Papa Levante ha anunciado su regreso en modo Pussycat Dolls. No, no envueltas en un mono de cuero lanzándose un balde de agua frente a Simon Cowell: a modo de cuarteto, cojas de dos componentes, al 66% de su capacidad, igual que la banda de Nicole Scherzinger.
Las chicas han compartido un nuevo photoshoot en Instagram y están tanteando a sus fans —as if, seamos honestos— para ver en qué ciudades se las espera en directo, tras haber aparecido por primera vez juntas en un especial navideño de Canal Sur. La verdad, el motivo de regreso debería venir acompañado de nueva música y aprovechar la oportunidad de hacer algo sin grandes ambiciones numéricas pero sí artísticas, que sostenga un poco más su regreso a los escenarios.
Su catálogo, aunque como he dicho pueda tener un punto reivindicable, es insuficiente para sostenerse solo con nostalgia.