Frente al insípido arrastre que está dejando la última edición de Operación Triunfo, hay que defender que los perfiles de 2023 han resultado mucho más interesantes a largo plazo. Pero curiosamente, en ese camino parecíamos haber perdido a Chiara Oliver, que firmó galas irregulares pero dibujó un perfil interesante durante su paso por el programa. El claro caso de OT en el que alguien parece ir a ser mejor artista que concursante. Ya lo hemos visto en la historia del formato: Vega, Virginia Maestro o Nena Daconte han sido ejemplos de ese perfil.
Pero como digo, después de su OT, parecíamos perder a Chiara Oliver. La culpa la tiene un EP atropellado con el que se presentó en público: La Libreta Rosa pecó de otro clásico de los concursantes del programa. El de salir al mercado rapidito y bien disfrazado de un producto que ya esté funcionando en el mercado musical. De ese modo, a Chiara le tocó performar una Olivia Rodrigo que en sus primeros temas sonaba monótona, simplista y más infantil que joven. Sí, había temas rescatables en el proyecto, evidentemente, pero en escucha global era mucho más pobre que lo que cabía esperar de ella.
Dos años después del lanzamiento —alargado después con la suma de otra colección de temas en una suerte de álbum titulado La Última Página, con una portada que ya lo decía todo—, Chiara Oliver parece liberada de su obligación de jugar a ser popstar. Aquel debut le salió rana a Universal —apenas 4 semanas en lista en su versión original, 7 con la reedición—, por lo que no había necesidad de extender la jugada. Y aquí es donde Chiara Oliver ha sabido aprovechar la situación a su favor.
Nada, pero NADA tienen que ver sus últimos lanzamientos con aquel debut. Y eso que la cantante sigue unida a su sello, pero es como si la hubieran liberado de un contrato y hubiera salido con un proyecto absolutamente distinto de su mano. Uno mucho mejor, dicho sea de paso.
La Chiara Oliver de Puzzle, Margaritas y No Fue Real es interesantísima. Juega con la voz de una forma que narra, acaricia y tiene poder. Sus canciones tienen historia, tienen altibajos, tiene una interpretación que atrapa al oyente, una capacidad que ya evidenció durante sus galas buenas de Operación Triunfo. Esa Chiara que ahora ha hecho un tándem brillante con Daniel Sabater, encargado en parte de las producciones de sus nuevos temas, ha encontrado un hueco interesantísimo en la industria patria, un trozo del pastel que ahora sí que es dulce y apetitoso.
Chiara tiene un puntito dream-pop, pero también de rock alternativo y de acústica accesible. Chiara tiñe su música de elementos de Gracie Abrams, de The Marías, de la Billie Eilish de Happier Than Ever, pero no aparece disfrazada de ninguna de ellas. La carta de credibilidad, en este caso, luce absolutamente, porque Chiara traslada al oyente que en estos tres temas la conocemos realmente. Sin dobleces, sin intenciones numéricas, sin la inyección de mainstream. O con todo ello, de hecho, pero planteado en condiciones.
No hay mejor producto que el que no lo parece. Y Chiara no lo parece en absoluto en estos tres preciosos cortes. Ni en su estética o vídeos. Un replanteamiento de todo el perfil que ha dado en el más absoluto clavo: el hype por el primer disco de Chiara Oliver —ahora sí— lo tenemos por las nubes.