Leire Martínez ha repetido en varias ocasiones, desde su salida de La Oreja de Van Gogh, que esto no se trata de equipos ni de tener que posicionarse en un lado o en el otro. De hecho, en su reciente concierto de Barcelona, ha explicado desde el escenario: “Ahora nos tenéis a los dos, los tenéis a ellos y me tenéis a mí”. Y es cierto, pero sí que puede existir un posicionamiento en lo que a la comunicación de ambas partes se refiere.
Desde que, en octubre de 2024, La Oreja de Van Gogh anunciara la salida de Martínez con un escueto y gélido comunicado en su web y redes sociales, la banda ha vivido la vuelta de Amaia entre el grandilocuente anuncio de una gira cargada de fechas y el tener la cabeza metida debajo de la tierra para no hacer demasiado ruido. Ni entrevistas, ni ruedas de prensa… apenas una aparición calculadísima y pregrabada. Claro, no les hacía falta porque la nostalgia ya iba a llenar esa gira, como ha ocurrido. Pero, de la misma forma, es improbable que el fenómeno se repita si el grupo sigue sin asomar la patita.
Y es que, cada vez que la han asomado, ha subido el pan. La última ha llegado con la reformulación de su página web, que contiene una biografía de treinta y tres líneas sobre los logros de la banda. En ella, los ocho años del grupo con Amaia Montero ocupan treinta líneas. Los diecisiete años de Leire Martínez, tres. Estas:
“Tras el inicio de la carrera en solitario de Amaia, La Oreja de Van Gogh continuó su andadura con Leire Martínez como vocalista a partir de 2008 y publicando discos como A las cinco en el Astoria (2008), Nuestra casa a la izquierda del tiempo (2009) o Cometas por el cielo (2011), aumentando así su legado musical.”
Es alucinante que ignoren la mitad de su catálogo con Leire, pero citen un disco de versiones que no aumentó su “legado musical” en absoluto y que, francamente, apenas nadie recuerda.
Y en mitad de todo esto, Martínez continúa con la promo de su primer álbum, Historias de aquella niña, y el tour del mismo, que como he dicho antes, acaba de parar en Barcelona. Allí, ha defendido al grupo de los gritos de un grupo de fans que los increparon con un “¡que le jodan a La Oreja!” absolutamente innecesario. Más que nada porque incomoda a Martínez y de sobra es sabido, porque hablar ha hablado, que no va nada con su filosofía, por mucho que parte del fandom esté, que diría Shakira, rabioso.
“No, no, no. No, de verdad. No convivo para nada con el odio y con el rencor. Para nada. Han sido increíbles diecisiete años y ahora nos tenéis a todos: me tenéis a mí y les tenéis a ellos. Así que todo es estupendo.”
Una vez más, no se trata de elegir, pero sí de valorar cómo comunica cada parte. Y por el lado de La Oreja de Van Gogh, las carencias dan una imagen lamentable de la banda desde su reformación.