Hablamos del álbum debut de Natalia Lacunza, pero realmente estamos frente al que es su tercer proyecto, porque viene de publicar un par de EPs que han ayudado, paulatinamente, a definir su dirección artística. Tanto es así que ‘Tiene Que Ser Para Mí’, si de algo peca, es de previsible.

Natalia Lacunza ha dado a sus seguidores el disco que sus seguidores esperaban. Ni más ni menos. Lo que es una buena idea considerando que este es el primer ‘gran proyecto’ de la cantante per se, porque no despista a nadie. Natalia Lacunza se presenta explotando su fórmula. Este es, digamos, su proyecto de asentamiento. Y, de hecho, se dice que los artistas tienden a definirse en el tercer disco. ¿Podríamos aplicárselo como tal a Natalia, aunque venga de publicar dos EPs?

‘Tiene Que Ser Para Mí’ es una oda al amor propio por parte de la artista. Especialmente cuando una escapa de una relación tóxica y decide volcarse en sí misma y procurar salir a flote antes de ponerse a repartir flotadores. En este sentido, la canción que más evidencia el mensaje es ‘No Me Querías Tanto’ -bastante personificable a poco que se haya seguido el camino de Lacunza-. En ella, la artista utiliza un tono ciertamente infantil, como si estuviera dirigido a la persona que deja atrás (“no me querías nada, eres un hombre malo, me enfado y no quiero ni hablar”), adaptado a él como si necesitara ayuda a la hora de comprender algo sencillo. El mensaje es claro y conciso: “he ido a terapia y he cambiado de piso para olvidar lo que me hizo ese niñato pijo,… los hombres malos siempre se hacen ricos” y nos deja claro por donde van los tiros en este auto-análisis de sí misma.

Se pone primera también en la canción que da título al álbum, que combina elementos del R&B y el pop acústico y en la que canta “no voy a dar todo lo que me queda, no voy a dar más de la cuenta”, queriendo convencerse de que ha aprendido una lección. Lo hace también en ‘Mi Sitio’, donde tira de mucho más aire y una producción más etérea y ambient, o en ‘Medicina‘ (“si no me das tu medicina, yo no puedo darte la mia”), más guiada a través de un piano.

Y es que el minimalismo es clave en ‘Tiene Que Ser Para Mí’. Es una estrategia que Natalia ha perfeccionado con el tiempo y que, acompañada de sus productores, maneja con exquisitez. Así, el oyente es capaz de olvidar que ‘Tiempo Atrás’ es un bolero, deconstruido para priorizar su voz, hasta que arrancan unos beats de batería un tanto Kanye West y una instrumentación jazzy que podría haber acompañado más, porque es una incorporación estupenda en la segunda mitad. También queda disfrazado el funk carioca de ‘Cartas De Amor‘, la canción que cierra el disco y que rompe sus beats para hacer más con menos y adaptarse al aporte del resto del tracklist.

El problema de lo que podríamos llamar La Generación Billie Eilish es que todos ellos han llegado usando trucos similares. Y en España, especialmente en lo vocal, tenemos una colección de artistas jóvenes muy centrados en meter mucho aire y contar las cosas en minúscula. Lo hace Natalia, pero también lo hace Amaia, y lo hace Guitarrica, y Sen Senra, y Alba Reche, y… prácticamente toda una masa de nuevos artistas. Y no se confunda el mensaje: Natalia tiene un álbum debut en el que se la ve, en el que es protagonista, pero podía haberlo sido más escapando de esos esquemas tan reiterados y manidos en el último par de años.

Ha sido la contra de sus dos primeros pros, esos dos EPs: la salida del álbum se ha alargando al punto de quemar un poco el estilo. Sabemos, por su paso por ‘OT‘, que Natalia es una cantante estupenda. Y podía haber sacado más partido de su voz, versatilizarla más para huir del tópico que repite en todo el disco. Y es que, salvando algún momento puntual, está todo muy cantado en piloto automático.

Y eso que tenía dónde ponerse a experimentar: en ‘Todo Va A Cambiar‘ juega, de forma súper interesante con un drum&bass muy poco explotado en España, o en el dreamy californiano de ‘Mejor Que Yo’, que hubiera agradecido un sonido más crooner en lo vocal, que llegara a arrastrar la pista de voz un tanto, o en ‘El Círculo’ y ‘Muchas Cosas’, que se pierden por continuistas por mucho spanglish que tenga la primera. Están encerradas entre canciones mejores y no aprovechan tanto su espacio.

Eso sí, dos de los singles son una auténtica gozada: ‘Todo Lamento‘, donde Natalia ahonda en el momento post-ruptura del que sale victoriosa, acierta aplacando las baterías en favor de la pista vocal, llegando a crear climax incluso en el trabajo más delicado. El otro, ‘Cuestión De Suerte’, es de sus mejores canciones, aunque hubiera agradecido un build mayor que la llevara a estallar al final. Porque tiene una melodía casi sesentera, una producción ochentera y un appeal de La Oreja De Van Gogh en los primeros dosmiles. Es naive popero súper exprimible que, de haber alcanzado cima hacia su cierre, sería una de las mejores canciones pop en español de los años recientes.

Con todo y eso, Natalia Lacunza ha dejado su huella con ‘Tiene Que Ser Para Mí‘. Como decimos, ha llegado a poner sus armas encima de la mesa. Esas con las que ha superado un desamor, una decepción y se ha puesto delante de todo. Ahora, desde esa cima que se ha montado, le toca crear las escaleras que la lleven más allá de su altillo. Y en el disco hay algún ladrillo ya colocado que puede ayudar.

7.0

Temas clave: ‘Todo Lamento’, ‘No Me Querías Tanto’, ‘Todo Va A Cambiar’

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